Mayra Montero

Antes que llegue el lunes

Por Mayra Montero
💬 0

Paso suicida en el Senado

¿Cuál es el plan del Presidente del Senado después de lo que hizo? Lo pregunto porque, a menos que tenga en mente un objetivo firme, por ejemplo, proclamar la soberanía, su actitud es suicida.

Y cuando digo proclamar la soberanía, es proclamarla. No para andar “exigiendo” diez años de ciudadanía americana a los que nazcan; ni diez de tarjeta de la familia; ni diez de fondos para la vivienda; ni diez para sostener la Reforma de Salud; ni otra década de FEMA o del Cuerpo de Ingenieros. La soberanía es una, a través de la historia, una ruptura que a veces es violenta y a veces no, pero que marca a plomo una separación.

Esgrimir a estas alturas el argumento de que una rama del Gobierno de Puerto Rico, específicamente la Legislatura, no está supeditada a la otra, en referencia al Ejecutivo, es una tontería contra la previsible realidad que nos va a estallar en la cara.

En el Puerto Rico actual, en quiebra, sin un centavo para mantener el aparato público, ni siquiera para responder a los servicios básicos de los ciudadanos, solo hay dos ramas de Gobierno: la Junta de Control Fiscal, por un lado, y el Ejecutivo por el otro. Esas son las dos ramas. No busquen más ninguna.

Pero han llevado, o pretenden llevar, al terreno del dilema constitucional, una lucha intrapartidista, de rencillas politiqueras y garatas de barrio.

El país está en una situación anómala, desesperada, donde algunas disposiciones constitucionales hace rato que están bajo fuego. ¿No disponía acaso la Constitución que se les diera prioridad a las obligaciones con los bonistas antes que al pago de los servicios esenciales? Pues miren.

Ante la disyuntiva de haber perdido el privilegio de repartir ingentes sumas de dinero; influir notablemente en las agencias públicas y las corporaciones; dominar las alcaldías y manejar el país a su manera, el Senado ha preferido lanzarse por el risco. Pensarán que no tienen nada que perder. Al fin y al cabo, iban a estar obligados a consultarlo todo, y a rendir cuentas más a menudo de lo que jamás se imaginaron.

El pasado miércoles, por radio, uno de los funcionarios cercanos al Gobernador prometía que “la idea” que había tenido el exsecretario del Trabajo, y ahora senador, Miguel Romero, se iba a dar a conocer al día siguiente. “La idea, la idea”, clamaba emocionado, “mañana sabremos la idea”.

La idea ya la sabía todo el mundo, y no era ninguna idea, sino un sancocho: meter en la Ley 100 contra el discrimen en el empleo, casi todas las disposiciones de la Ley 80, para así poder derogar esta última. Una locura en la que se perdió el norte, con el único objeto de remendar un tirijala político.

Es imposible gobernar un país, y más aún, un país en bancarrota, si los encargados de hacerlo descienden al terreno del juego frívolo y las egolatrías. Eso lo tenía claro la Junta Fiscal, que estaba esperando justamente lo que aconteció: el Senado tiró por la borda el acuerdo al que llegaron elente federal y elGobernador.

Ver en la conferencia de prensa a ese grupo de senadores, con caras de circunstancias, rodeando a Rivera Schatz, oyéndolo alardear de que “ya consultó con los abogados del Senado”, y que dará la batalla a la Junta Fiscal —a lo que yo añado que tendrá que dársela igualmente al tribunal de quiebras— fue un espectáculo de ida, pero no de vuelta.

El país se ha convertido en rehén de una Legislatura contrahecha, llena de intrigas y celos políticos, gente que vive para su vanidad y para prolongar sus privilegios.

Hay otra “idea” que se repite a menudo y que, del Gobernador para abajo, han expresado muchos, y es la “idea” de que hay que aceptar los requerimientos de la Junta Fiscal por nuestra condición colonial.

Sí, es cierto que la colonia lo limita y contamina casi todo. Pero en este caso, en este preciso asunto de tener encajar presupuestos forzosos y derogación de leyes, lo que obliga no es la colonia en sí, como concepto metropolitano, sino el hecho de que, gobierno tras gobierno, década tras década, cientos de funcionarios, electos o no, arramplaron con todo lo que se les ponía delante.

No es porque “somos una colonia”, como dice el Gobernador, que tenemos que negociar con una Junta, sino porque al país lo hundieron en la corrupción, y porque se ha vivido en la más completa superficialidad y el espejismo. Todos nos acomodamos y creímos que era lo normal.

En estos meses empiezan a entrar sumas de dinero muy considerables. Billones en fondos federales. La Legislatura ya tiene claro que no podrá manejarlo a la manera en que lo hizo en el pasado.

A eso se reduce todo. Eso es francamente todo.

Otras columnas de Mayra Montero

domingo, 4 de noviembre de 2018

Inventando la trampa

La escritora Mayra Montero expone que los créditos contributivos tienen mucho que ver con los esquemas de corrupción

domingo, 28 de octubre de 2018

Parrandón a Washington

La escritora Mayra Montero comenta sobre la resistencia del gobierno de Puerto Rico de acatar el Plan Fiscal certificado por la Junta de Supervisión Fiscal

domingo, 14 de octubre de 2018

Recorrido con dama

“En Hato Rey, menos compacto y más diverso que Condado, no podemos levantar fondos para pagar guardias privados”, expone la escritora Mayra Montero, al sugerir al Gobernador asomarse por su vecindario también afectado por la criminalidad

domingo, 7 de octubre de 2018

Leyes trituradas

La escritora Mayra Montero argumenta sobre el rechazo al proyecto de ley para pavimentar carreteras con una mezcla de neumáticos triturados

💬Ver 0 comentarios