Chu García

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Por Chu García
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Pecado capital de Alberto Salazar

Debido a la recta final del Mundial de Atletismo de Doha y al inicio de los playoffs en MLB, ha pasado casi desapercibido para los medios de comunicación, sin importar su corte, la suspensión de cuatro años al coach Alberto Salazar, por la United States Doping Agency.

Salazar, nacido en Cuba y residenciado junto a sus padres en USA, hace más de medio siglo, fue condenado por imponerle medicamentos hormonales a miembros del Oregon Project, auspiciado por Nike, que mantiene su sede en Beaverton, ciudad de dicho estado.

Su castigo fue oficilializado en medio del certamen mundialista, donde uno de sus pupilos Donavan Brazier ganó la medalla de oro en los 800 metros.

Hay que recordar que a mediados de los noventa él se convirtió en entrenador y una de sus protegidas, Mary Decker, fue descalificada en las eliminatorias de los 5,000 metros para la Olimpiada de Atlanta, en 1996 por nivel altísimo de testosterona.

Salazar, que se dio el lujo de ganar la Maratón de Nueva York sucesivamente en 1980, 1981 y 1982, sumando también la de Boston este último año, fue considerado siempre un corredor furioso y con la misma popularidad que Frank Shorter, triunfador en Munich 1972, y Bill Rodgers, que ganó cuatro veces la prueba bostoniana, pero que en el San Blas de Coamo se quedó sin gasolina y no pudo vencer.

A Salazar le perjudicó mucho que una de sus protegidas, Kara Goucher, olímpica en dos ocasiones en 10,000, revelara que luego de su parto en 2010, él le obligara a tomar fármacos contra la tiroides con afán de que perdiera peso con rapidez y le abandonó.

Era un rumor constante que Salazar y el endocrinólogo Jeffrey Brown se las ingeniaron para utilizar bloqueadores que neutralizaran la testoterona que ponían a sus atletas con desconocimiento de estos.

Sin embargo, Salazar, que sufrió un ataque cardiaco en 2007 que le tuvo al borde de la muerte durante 15 minutos, apeló la decisión de Usada y ha recibido además respaldo absoluto del departamento de mercadeo de Nike, que obviamente se corre el riesgo de ver afectada su imagen.

Resulta vergonzoso que sea veraz este pecado capital de Salazar, que ha dedicado prácticamente su vida al fondismo con éxito.

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