Jaime Vega-Curry

Perspectiva

Por Jaime Vega-Curry
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Pedaleando en la "zona cero'

Dicen que todos los días se aprende algo. El 11 de septiembre de 2001, la ciudad de Nueva York se convirtió en un aula de enseñanzas de una magnitud e intensidad difíciles de comparar con cualquier otra.

Una coyuntura de la profesión periodística me llevó a estar allí en ese instante, y ser a la vez testigo y relator del trágico evento.

Dieciséis años han pasado. Algunos elementos se olvidan, otros se recuerdan como si hubiesen ocurrido hoy y otros se transforman en el pensamiento: no porque su impacto quede disminuido en modo alguno, sino porque la mente y el alma buscan, inexorablemente, la manera de hacerlos parte de sí, amoldados al día a día. Y es que la vida continúa; tal vez golpeada, pero continúa.

Ya visto a la distancia, es ese uno de los mayores aprendizajes que atesoro: la capacidad de enfrentar el golpe, asimilarlo, reponerme y seguir adelante. Yo, todo el que estuvo allí, el país entero. Y también el que se enteró a distancia, o el que defiende las teorías de que todo fue una megafarsa orquestada por el gobierno. Cada cual a su modo, y dentro de sus méritos, pero todos siguen adelante. Porque la vida hay que vivirla.

Es la misma enseñanza que trato de aplicarme y transmitir, día a día, en mi hogar, mi trabajo, donde me encuentre y en el ámbito que corresponda.

Mi hijo Mauricio tiene 13 años. Conoce las fatídicas cifras 9/11 desde que tendría unos cinco o seis, y con alguna frecuencia me pregunta sobre el tema; a medida crece y madura lo comprende mejor. Más allá del recuento de los hechos y de cómo cambió el mundo, trato de inculcarle el mismo pensamiento: hay que saber enfrentar los golpes y salir adelante. Más, cuando residimos en Connecticut, visitamos frecuentemente Nueva York –ciudad que le fascina visitar- y la Gran Manzana es parte de su realidad.

Es también parte de mi realidad. Hace alrededor de un año visité por primera vez el Memorial del 9/11, y llegué de casualidad. Por mucho tiempo dudé en acudir, inseguro de su potencial impacto emocional en mí. Pero llegué, montado en mi bicicleta, junto a los amigos periodistas Hiram Martínez –quien también experimentó el 9/11 en carne propia- y Ricky Zúñiga. Pedaleábamos por la ruta paralela al Hudson, hasta que vi la Torre a la distancia y supe que nos dirigíamos allí. No a propósito; era parte de la ruta, el pedaleo del día. Llegamos, nos bajamos, rendimos unos minutos de homenaje y seguimos pedaleando. Sin destino fijo; a donde nos llevara la ruta y hasta donde rindieran las piernas. Hacia adelante.

En efecto, siempre hacia adelante. Porque hay que vivir.

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