Kevin Miguel Rivera Medina

Punto de Vista

Por Kevin Miguel Rivera Medina
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Pena de muerte: ejecución, previa humillación

Hoy, 10 de octubre, es el Día Mundial Contra la Pena de Muerte, dedicado este año a las terribles condiciones de encierro de quien espera por ser ejecutado a manos del Estado. Uno de los lugares donde más patente es la violación a la dignidad de la vida humana son las instituciones de reclusión.

Si bien Puerto Rico prohíbe la pena capital, la falta de seguridad y salubridad en sus cárceles han ocasionado pleitos legales, como el de Morales Feliciano.  En otras partes del mundo, las condiciones de “vida” de los condenados a muerte son espantosas, varían según el país y hasta entre jurisdicciones internas. 

Las condiciones carcelarias mínimas están universalmente reconocidas en las Reglas de Nelson Mandela (Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos, 2015). Sin embargo, muchos países violan con extrema ligereza estos tratos mínimos. La tortura del castigo es mayor en las personas en espera de ejecución. 

De los 198 países representados en Naciones Unidas, y según el informe de Amnistía Internacional, 56 países (28.3%) practican la pena muerte. De esos, en 2017, la mitad (11.6%) ejecutó a alguna persona como sanción. Usualmente, quien viola la dignidad humana tiene un muy mal entendimiento de lo que significa dignidad, o degrada a una persona al nivel entender que no es humana, que no amerita dignidad en su vida. 

Un encierro degradante de la dignidad humana en nada ayuda a evitar el crimen, ni rehabilita, ni es un castigo meritorio de que una sociedad lo imponga. Tampoco hace justicia a los familiares de las víctimas; no les devuelve nada, solo fomenta un espiral de violencia y humillación.

Las condiciones de encarcelamiento de las personas sentenciadas a ejecución en los Estados Unidos incluyen: celdas diminutas (en ocasiones de 6 x 8 pies) y temperaturas que exceden los 100 grados (los prisioneros se acuestan desnudos en el concreto para aliviar el calor). En lugares como Pennsylvania, donde hay sobre 30 boricuas en el corredor de la muerte, el encierro es en solitaria, con un par de horas para salir de la celda y 3 duchas semanales. Las visitas de familiares y representantes legales son severamente limitadas. 

Así hay múltiples ejemplos de trato cruel y degradante, de tortura. Se le priva a un ser humano de cuidado médico, o no se le alimenta de manera mínima; no hay condiciones de limpieza, y casi nunca hay aire fresco; no hay acceso a programas educativos o vocacionales, son zombis. La crueldad de una sociedad organizada se eleva a niveles insospechados. Y pensar en la cantidad de personas inocentes en los corredores de la muerte, aterra de manera exponencial.    

Si como parte de un sistema de justicia, nos parece aberrante a la altura de este siglo ejecutar a una persona, mucho más terrible es el sistema penal cuando, en camino a quitarle la vidaa una persona, violenta su dignidad y le maltrata. Con ese ejemplo, ¿cómo se le pide a los ciudadanos que no hagan lo mismo?

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