Héctor J. Huyke

Tribuna Invitada

Por Héctor J. Huyke
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Peores que colas de cerdo

El profesor con cola de cerdo, artículo del exsecretario de Hacienda, Juan Zaragoza, publicado en este rotativo el pasado martes, 28 de febrero, culmina con una anécdota que con toda razón debiera dejar al lector molesto con la Universidad de Puerto Rico (UPR). Dos profesores, uno de química orgánica y otro de lenguas modernas, están contentos porque se las arreglaron para visitar Machu Picchu ‘consiguiendo’ un seminario que le ‘aplicara a los dos’.  No sabemos sus nombres.  Debo presumir además que el viaje fue subvencionado con fondos de la UPR, y más importante aún, que se trata de un chanchullo común en la UPR.

En la UPR no hay fondos para viajes al exterior que no sea para presentar trabajos de investigación.  Y si hubiera fondos para ir de oyente, debemos combatirlo, pues no son tiempos para ello.  De hecho, hoy prácticamente todos los viajes se hacen con fondos externos. Generalmente, las investigaciones toman forma profunda en licencias sabáticas que liberan a los profesores de dar clases por un tiempo.  Así es en toda universidad que se respeta a sí misma.  En la UPR, sin embargo, desde hace más de una década, no hay licencias sabáticas y tampoco hay aumentos por ascenso que valgan que no sea con fondos externos.  Sólo en el caso de que Puerto Rico renuncie al proyecto de una universidad de primera nos debiera avergonzar que un par de colegas lograron presentar sus trabajos de investigación en un evento interdisciplinario en el Perú con fondos de la UPR.

Parecería además que el Señor Zaragoza piensa que los cambios en puestos académico administrativos en la UPR son arreglos incestuosos tipo ‘yo no me meto contigo si tú no te metes conmigo’.  Arreglos de conveniencia de este tipo son algo a combatir en toda institución.  Los cambios en puestos académico administrativos en la UPR son más bien generalmente un ‘quítate tú para ponerme yo’ producto de la alternancia electoral.  La gran mayoría de los universitarios condenamos esos cambios, que no son nada incestuosos.  Y de esa alternancia salen cosas mucho peores que colas de cerdo, que fácilmente se pueden extirpar.  La mediocridad administrativa que se impone con la alternancia de los partidos es una terrible cola de dinosaurio que requiere unas tijeras que no acabamos de encontrar.

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