Aníbal José Torres

Tribuna Invitada

Por Aníbal José Torres
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¿Perdón, señor gobernador?

No hay catástrofe natural que pueda servir de imagen metafórica que describa la realidad de la administración de Ricardo Rosselló. Investigaciones federales que superan la docena, un chat que se dice supera las 800 páginas con expresiones que se distancian de la imagen y del carácter del líder de un país; acusaciones criminales por corrupción en las dos principales áreas de gobierno, luego del desarrollo económico, a saber, educación y salud y, que de paso, salpican figuras que aconsejan a La Fortaleza.

Pero eso no es suficiente. El chat devela y pone de manifiesto la guerra de poder entre el gobernador, los presidentes de la Cámara y del Senado, así como la comisionada residente. Resulta claro que las puertas entre el gobernador y la Asamblea Legislativa están cerradas. Lo mismo le ocurre con la comisionada residente y los alcaldes. El gobernador y su administración tampoco cuentan con aliados en Washington, ni para los esfuerzos de recuperación, ni para los fondos de programas federales que se recibían de manera ordinaria. Como mínimo, Puerto Rico debe tener claro que Rosselló y el PNP son el escollo de la reconstrucción.

La corrupción es el cimiento sobre el que se construye la denegatoria de los recursos que necesitan los puertorriqueños. Ante ese cuadro, el gobernador Rosselló acude ante los puertorriqueños para pedir perdón. Un perdón limitado a algunas de las expresiones hechas en un servicio de mensajería, nunca lo solicitó de los niños y jóvenes, ni de los que requieren los servicios del sistema de salud, sea de servicios médicos directos, medicamentos, estudios o tratamientos. A esos no les pidió perdón. 

Tampoco manifestó una reflexión honesta y completa sobre la corrupción, ni advirtió cambios en su equipo de trabajo. Esos últimos le fueron impuestos y no por la corrupción, que es el mal principal, sino por el problema de imagen creado por el vergonzoso chat. Y lo triste es que muchos en el PNP miran el chat, en su pequeñez y simplismo generalizado, como un asunto de imagen.

Entonces, ante el perdón solicitado preguntémonos, ¿si Julia Keleher le pide perdón, señor gobernador, le devuelve su contrato? ¿Si Alberto Velázquez Piñol le pide perdón, le devuelve los contratos y lo sigue utilizando como consultor? Pregúntele a su padre si perdonaría a Víctor Fajardo. ¿Lo haría usted a su nombre? El perdón es razonable, sin embargo hay circunstancias, causas y consecuencias que lo impiden. 

Gobernar requiere carácter. Sus acciones y omisiones en el ejercicio de gobernar, en el trato con quien difiere de usted, en lo que implica el respeto a la dignidad del ser humano, incluyendo el respeto y protección del que grita con toda la fuerza de su espíritu por lograr aquello que es absolutamente contrario a las creencias, ideales y metas que usted tiene, demuestran que usted no tiene la capacidad, la madurez, la sensibilidad ni la sensatez que el cargo que ocupa le exigen como mínimo.

El gobernador está sin equipo de trabajo político, entiéndase alcaldes, legisladores y sin comisionada residente; rodeado de personas que no tienen peso en la discusión pública ni que pueden hacer acercamientos en el espacio político; su gestión marcada por la corrupción; y, sin aliados ni espacio de acción política y administrativa en Washington. Y como si eso fuese poco, cuando mire hacia atrás, se dará cuenta que no tiene país respaldándole.

Sin poder político efectivo, su colapsada gestión terminará en fracaso absoluto y en el ahondamiento de la crisis en perjuicio de los puertorriqueños. Así, es como usted ha elaborado su gran encierro. Usted y el PNP son el escollo para el desarrollo del país y el bienestar de nuestra gente. Así, no es posible el perdón, señor gobernador.

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