Ada Torres

Punto de vista

Por Ada Torres
💬 0

“Perra”: violencia verbal inexcusable

De entre las ruinas dejadas por los terremotos ha salido lo mejor y lo peor de nuestro pueblo. En lo que es el capítulo más reciente de atacar a una funcionaria pública a nivel personal con violencia verbal inexcusable, el país escuchó atónito a un abogado decir en la radio que la alcaldesa San Juan, Carmen Yulín Cruz, es una “perra”. 

 Se nos hace difícil aceptar que, en el fondo, estamos tan atrasados aún como sociedad que apenas soportamos que una mujer esté en el poder o se atreva a aspirar a él. Lo "aguantamos" con las muelas de atrás. De vez en cuando les damos permiso, pero con el entendido que esos puestos pertenecen a hombres y ellas solo tienen oportunidad sentarse a la mesa del poder de vez en cuando. Realmente “no pertenecemos” a los círculos de poder. Ocasionalmente nos dan un boleto de entrada temporera, pero el territorio sigue siendo de dominio masculino.

Los insultos personalistas y violentos con los que la gente se refiere a Carmen Yulín Cruz, Wanda Vázquez, Alexandra Lúgaro, y ciertamente a Sila Calderón cuando era gobernadora, son brutales y asqueantes. En un debate hasta se le sacó la lengua a una candidata, y las mujeres seguimos aguantando y votando por quien insultó y ofendió. 

Mientras, entre nuestros políticos varones tenemos un jardín florido de personajes entre los que hay maltratantes físicos y verbales, corruptos de la peor calaña, alcohólicos, usuarios de sustancias controladas e incompetentes por docenas. Con ellos no hay problema. De ellos se espera. Pero si de una mujer se trata...es una perra. Hay que alentar a la violencia contra ella. Hay que meterse en su vida privada e inventar lo que no exista. Le llamamos prostituta. La humillamos en su dignidad de ser humano. Esto no habla mal de ellas. Habla mal de nosotros como pueblo. En la era del #MeToo, nosotros seguimos en el atraso llamando “perras” a nuestras mujeres. Tan enraizada está este síndrome de violencia de género, que hay quienes justifican todo señalando que “los raperos también lo hacen”. Como si un bofetón justificara otro. 

La dignidad del ser humano es inviolable y las personas que usan la palabra para ganarse la vida a costa de que le escuchemos deben ser conscientes del poder avasallador que tiene el lenguaje. Las palabras inspiran. Inspiran amor u odio. Respeto o pisoteo. Sosiego o desesperación. Los que hacemos uso de la palabra para adelantar ideas debemos ser cuidadosos en extremo con las expresiones que usamos. Ya nos sobra el odio, el fanatismo, la desesperación y la incertidumbre en esta isla. Más odio y más leña al fuego sobran. No los necesitamos.

El mundo entero, por todas las esquinas, está elevando mujeres al poder, nutriéndose de sus talentos. Pueden seguir insultando. Pierden el tiempo. Las mujeres ya no pedimos permiso.


Otras columnas de Ada Torres

miércoles, 26 de febrero de 2020

Celimar y el momento del basta ya

Podemos crear, aquí y ahora, un país donde las mujeres no seamos ciudadanas de segunda categoría. Ese cambio viene como una ola de tsunami, dice Ada Torres Toro

💬Ver 0 comentarios