Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Pesadillas con coronavirus

¿Qué les parece el siguiente escenario?

Paciente de 65 años llega de Italia y desarrolla tos. Permanece en su casa sin fiebre, pero de momento le entra la preocupación por la posibilidad de estar contagiado con coronavirus. Quiere saber qué hacer y por ende, visita a su médico, quien le ordena la prueba para influenza que da negativa. Le recomiendan que acuda a una Sala de Emergencia en el sur de la isla donde prontamente le dicen que allí no pueden atenderlo y tampoco hacerle la prueba. 

Desesperado, se le ocurre entonces llamar al número recomendado por el Departamento de Salud para personas que presentan síntomas de COVID-19: 787-999-6202. Le contesta un mensaje grabado: “Gracias por comunicarse a la línea de alerta del Departamento de Salud… esta línea ha sido creada para orientar a todo participante del evento realizado el 8 de marzo, el Día Nacional de la Salsa. Si usted participó o ha estado en contacto con alguien que participó en el Día Nacional de la Salsa, presione el 1…” La paciente no sabe bailar, y no ha participado en ese dichoso día que debemos denominar como el Día Nacional de la Contaminación con COVID-19. Ella solo quiere saber qué hacer y por lo menos a dónde acudir para obtener ayuda. Ahora mismo está frustrada en su casa, rezando para que no sea COVID-19.

¿Y qué tal esta otra historia? Una mujer saludable, de 30 años, visita a un familiar en Estados Unidos al que, estando ella allá, le diagnostican coronavirus. Ella regresa a Puerto Rico, y ha seguido su vida rutinaria, pero una de sus compañeras de trabajo se entera de la historia y me llama para saber qué hacer. Sabiendo que no es fácil conseguir la prueba en el Departamento de Salud, para una paciente asintomática, y habiendo escuchado que ya la prueba de PCR del laboratorio comercial Labcorp estaba disponible, llamo para que le hagan la prueba en el laboratorio de un hospital. La respuesta fue que yo era la primera persona que la ordenaba y que debía consultar a su supervisora. La supervisora, muy amable me dice que sí, y me pide el nombre y teléfono de la paciente para contactarla. Le proveo la información y dos horas más tarde me llama la paciente para darle seguimiento al asunto. Sorprendido, le pregunto si no la han llamado del laboratorio y me responde que no. Agarro el teléfono y llamo al laboratorio para ver qué sucede. Me responden que están tratando de resolver la logística de hacer la prueba. Me explican que no es sencillo el asunto, pues a la paciente tienen que tomarle la muestra de forma que nadie se contagie, lo cual significa que tiene que ponerse mascarilla y el personal del laboratorio debe estar también adecuadamente vestido para no contagiarse.

Primer problema: ya no hay mascarillas en el mercado y en el hospital quedan pocas. Escasamente hay para suplirle a los cirujanos para sus operaciones. Le digo que entiendo el problema. Seguidamente me informa que de ahora en adelante no harán más pruebas de COVID-19 a pacientes ambulatorios, pero como una concesión especial, se la practicarán a mi caso. En el futuro solo se harán a pacientes hospitalizados. Seis horas más tarde me llama una amiga de la paciente que trabaja conmigo para preguntarme qué ha pasado. Le explico que yo había resuelto el problema y que seguramente ya le habían tomado la muestra. Para mi sorpresa, me informa que todavía no han llamado a la paciente. Veinticuatro horas más tarde le indican que no le van a hacer la prueba en el laboratorio privado, pero que espere una llamada del Departamento de Salud para coordinarla. Todavía está esperando esa llamada.

¿Qué tienen en común estos dos problemas? Obviamente el hilo conductor es el posible diagnóstico con COVID-19. ¿Y eso qué significa? Creo que significa temor a contagiarse con los pacientes. La razón de que solo harán la prueba a pacientes hospitalizados es bastante clara para mí. La muestra, en esos casos, la toman las enfermeras en el hospital y no requiere la intervención de ningún personal del laboratorio, por tanto, no hay peligro de contagio.

¿Tener COVID-19 es hoy equivalente a tener lepra en el siglo XIX? Perdonen, pero para ser políticamente correcto, la lepra ahora se llama de otra forma: Enfermedad de Hansen, el médico que primero la describió. Ese nombre provoca menos miedo y rechazo que el término lepra. Quizás tendremos que cambiarle el nombre de COVID-19 a sabrá Dios que otro nombre para que puedan atender a estos pacientes, pero a nadie le interesa reclamar su descubrimiento. Ni a los chinos ni a nadie en el mundo le interesa poner su nombre a esa enfermedad.

En fin, es necesario hacer más pruebas para detectar la enfermedad y así poner a esas personas y sus contactos en cuarentena, pero no es factible hospitalizar a todos estos pacientes ni tampoco enviarlos a Sala de Emergencia para que obtengan la prueba. Ya hemos visto que al menos en una de nuestras Salas de Emergencia y en un laboratorio han aprendido a enfrentar estos casos como si fuera una corrida de toros, dándoles unos pases que ni los más expertos toreros españoles lograrían superar. ¡Olé! La epidemia solo está comenzando y ya nos estamos tropezando con problemas serios.

¿Cuál es la solución? Primero, el “task force” del gobierno debe desarrollar unas directrices claras en cuanto a qué pacientes se les va a realizar la prueba y en qué circunstancias las hará Salud versus laboratorios privados. Lo próximo que hay que definir es quién va a tomar las muestras en casos privados. En el Centro Médico de Río Piedras están instalando unas carpas en el estacionamiento donde atenderán a los pacientes sospechosos de COVID-19, lejos de los otros enfermos. Serán atendidos por un personal debidamente equipado con la protección apropiada. Allí se les tomarán las muestras y se enviarán bien sea a Salud o a un laboratorio privado. En el Auxilio Mutuo también estamos instalando carpas con el mismo propósito.

Esperemos que el toque de quedasurta efectos en las próximas semanas, pero debemos estar preparados para lo peor, en caso de que no funcione inmediatamente. Quiere decir que las Salas de Emergencia van a estar abarrotadas de pacientes. Hasta este momento no se nos ha informado si hay otros casos además de los cinco comprobados.


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