Antonio Pérez Aponte

Tribuna Invitada

Por Antonio Pérez Aponte
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Piedras en el camino

El País está en una encrucijada donde la inacción es imposible. La deuda es un monstruo fuera de control y el Gobierno no tiene con qué pagarla, por lo que cualquier alternativa implica conflicto político.

El trayecto para superarla puede ser largo o imposible. El interés particular azuzado por la insensatez partidista, que poco tiene que ver con democracia, es piedra que serpentea el camino.

La eliminación del Impuesto a las Ventas y Usos (IVU), la implantación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) y la notable reducción de tasas contributivas sobre ingresos de individuos y familias es un comienzo y debiera ser base de consenso para profundizar en la verdadera reforma contributiva que queda en suspenso. En su lugar, partidarios y oposición manipulan con estrategia electoral insensible y contraproducente al interés público. Así lo percibe la atenta mayoría, pues aspira a una salida a la crisis.

Digamos que lo propuesto resuelve el problema inmediato del déficit fiscal, que silencia a las casas acreditadoras y tranquiliza a los bonistas.

Sin embargo, queda pendiente una distribución más equitativa de la renta social que cancele el impacto del IVA y otras medidas recesivas implantadas.

Queda en el limbo aumentar la productividad para superar el estancamiento. Se obvia la reducción de gastos del aparato de gobierno y del costo de hacer negocios. Todos, pasos previos para propiciar la inversión que posibilite recuperar el nivel de empleo que sostenga la economía y permita distribuir la carga contributiva. Y aún faltará mucho para que salgamos del paternalismo de Estado, la engañosa subvención del Tío Sam y la trampa de la deuda, trilogía que origina y mantiene la crisis.

La reforma actual es un parcho recesivo inevitable, pero necesario si se aspira a saldar la deuda o a vivir permanentemente con ella.

La verdadera reforma contributiva, aún pendiente, debe premiar el trabajo, propiciar la inversión, estimular la productividad, desalentar el consumo conspicuo y garantizar un futuro sustentable. Pero las circunstancias políticas y coloniales dejan dar uno o dos pasos a la vez.

Para alcanzar el éxito dependemos del consenso y la buena voluntad de los sectores de interés.

No importa el rumbo que queramos tomar respecto a la deuda o la reforma tributaria, falta mucho y sobran piedras como para que la manipulación y el chantaje electoral sean fachada democrática que se use de excusa para entorpecer el camino.

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