Fufi Santori

La batatita de Fufi

Por Fufi Santori
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“Pifias” del básket

Puerto Rico derrotó a Panamá en el inicio del básquet de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1954 en México, y enseguida la prensa nos hizo favoritos para ganar el oro en la competencia.

Fue el debut de Pachín Vicens en nuestro Equipo Nacional, y fue la sensación del juego y del torneo. Jugué como su escolta y fue una experiencia extraordinariamente feliz. Pero el destino me deparaba un final amargo.

El partido decisivo por la medalla de oro se jugaría contra el equipo mexicano ante un estadio de Chapultepec abarrotado de fanáticos. Me presenté al partido sin mi camiseta número 12 y tuve que usar la número 6, de Tinajón Feliciano, que no jugaría por estar lesionado. Y cuando ya en la segunda mitad los aztecas nos habían sacado ventaja de sobre los diez puntos, Víctor Mari Pérez ordenó un preseo a cancha completa y en pocos minutos ya habíamos empatado el marcador. Cansado, pero feliz por haber sido un factor en nuestra ofensiva,  Víctor optó por darme un descanso y me sacó de juego.

A los dos minutos, ya estaba yo reportándome a la mesa de los oficiales para volver a entrar. Cual no fue mi sorpresa cuando el ‘scorer’ mexicano me dijo que yo no podía entrar porque aparecía con cinco faltas personales. Se formó la discusión y Armando Torres, padre de Armandito, argumentó que cómo era posible que yo cometiera la quinta falta estando en el banco. El oficial mexicano no cedió y no pude entrar. Armando explicó después que el uno y cinco que el árbitro ‘americano’ indicaba para marcarle una falta al número 15 (Toño Morales) se la adjudicaron en la mesa al número 6 que era el de mi camiseta esa noche.

Y con la puntuación empatada en el último segundo de juego, Pototo Ramírez fue a la línea de tiradas libres y falló en ambos intentos. Un solo acierto nos hubiese dado nuestra primera medalla de oro en el basket centroamericano. Y en el tiempo extra nos limpiaron.

Pifias. Pero, a fin de cuentas, el partido por el oro entre México y Panamá no se celebró porque los árbitros ‘americanos’ se fueron y los panameños rehusaron jugar con árbitros mexicanos. Al anunciarse la suspensión del partido, los fanáticos procedieron a pegarle fuego a la mitad del estadio. Armando Torres y yo recibimos las medallas de bronce de Puerto Rico. 

La mía se me perdió.

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