Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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Plan B para un gobierno eficiente

De las necesidades humanas siempre ha germinado la más asombrosa creatividad. Los seres humanos han sido creativos en momentos de insuficiencias, de fatalidades, de azares y progreso.

Irremediablemente, estamos aquí porque hace siglos hubo una necesidad en España. Se han creado aviones y automóviles para llegar más rápido a otros lugares. Ya no se esperan meses para obtener información. ¡El que no tenga un Plan B debe gugolear por uno!

La incapacidad de fomentar auto eficiencia y preparación sólo llevará a la población de Puerto Rico a un desastre mayor. En este instante horripilante los políticos de la isla deben entender la magnitud de la angustia que viven millones de puertorriqueños, y los afectados. ¿Cómo es posible que en esta circunstancia de desesperación, crisis social, económica y política, perpetúe escasez de ideas prácticas? La lentitud de ayuda a sectores incomunicados es ya inaceptable.

Estados Unidos tiene la obligación moral de enviar ayuda humanitaria, económica y militar (técnica, ingeniería y protección). Porque los políticos puertorriqueños no están equipados para reconstruir las migajas de la infraestructura que dejó el huracán María. El país hace décadas iba rodando risco abajo hasta que descocotó. Mientras estuvieron 65 años con tirijalas de estatus y desperdicio de fondos federales en “proyectos ineficientes”, “en plebiscitos vanos”, se descomponían los puentes, se agrietaban las calles, se dañaban ambulancias; nunca se instituyó un seguro médico eficiente, un centro médico nacional equipado; se corrompieron los hospitales y nunca se instauró un banco de sangre duradero; se aniquiló la fuerza laboral y no se consideró un Plan A de agua potable y electricidad para una catástrofe.

Todos los estados de Estados Unidos tienen planes de la A-Z para emergencias, generan capital y no dependen sólo del gobierno federal. Numerosas tormentas en las últimas tres décadas pronosticaban el desastre. En ese tiempo sólo inyectaron colesterol LDL a las venas estructurales del país. Hoy necesita cirugía de corazón abierto, si no el próximo infarto será fulminante.

Nos anestesiaron con debates inicuos y nos entretuvimos con la comedia. Hasta que la pelambrera tocó fondo. Entonces Estados Unidos diseñó una solución al problema creado por políticos. El Congreso envió una Junta Fiscal. Refunfuñando aceptaron el mandato de Washington. La luna de miel fue corta. La Junta no pudo tomar decisiones y contrató a una directora ejecutiva que tiene un salario superior a los del presidente, vicepresidente y secretario de estado de Estados Unidos combinados.

Ambos, Junta y políticos, se enmarañaron en bochinches técnicos de economía y siguió el embrollo interminable. Volvimos al embobamiento. El gobernador solicitó protección de quiebra. Nadie lo creía, pero la isla del encanto quebró. El jolgorio de tecnicismos llegó al Tribunal Supremo federal. Designaron a una jueza como árbitro. Tampoco pudo con la mogolla y estaba a punto de designar a un grupo de jueces hasta que María interrumpió el berrinche. Todo quedó en tranque. Como en dominó, el gobierno tenía la chucha, y Trump vociferó la chiva, “hay que cumplir con la deuda”, “los puertorriqueños le salen caro a Estados Unidos”, y “Puerto Rico es una isla rodeada de agua”.

El gobernador comunica, no hay un Plan B para sacar a la isla del hoyo. El pueblo de Puerto Rico no merece dentro de esta angustia pensamientos atróficos. Justifica que “No debe haber un plan B, porque el plan A ha funcionado para otras áreas de los Estados Unidos”Puerto Rico está en bancarrota, la infraestructura destrozada, existe una crisis humanitaria, y los políticos puertorriqueños, no tienen ideas de reconstrucción ni cómo levantar la economía del pueblo. Trump dijo, “Puerto Rico whack our economy”. Refiriéndose a la longaniza de fondos que ha enviado Estados Unidos. No contribuir siquiera con el intento de una idea para levantarle la moral al pueblo del fango en que nos metieron, aparte de la insistente dependencia de Estados Unidos, es realmente preocupante. El gobernador, senadores y alcaldes siguen errados después de la hecatombe. ¿Estaremos en una trinchera política desahuciada?

Estados Unidos no abandonará a Puerto Rico, pero tiene que haber un Plan de la A-Z. La eficiencia de un gobierno radica en la creación de programas de desarrollo. Uso de energía renovable. Construir puentes pétreos y carretas fortificadas. Cambiar los códigos de edificación de casas y no aprobar permisos en áreas inundables. Regularizar compra de autos por familias. Crear un transporte público eficiente. Optimizar el sistema de instrucción pública con tecnología. Implementar la Rama Legislativa Unicameral para cortar gastos innecesarios de políticos. Proteger el ambiente de contaminantes. Fomentar un turismo fructífero. Desintoxicar los embalses.

Utilizar efectivamente el potencial humano. Poner gente a trabajar en agricultura y pesca; desarrollar manufacturas nacionales proveyéndoles incentivos. Aumentarle el salario a maestros y policías y establecer límite de salarios a ejecutivos, directores, alcaldes y legisladores.

Puerto Rico está en quiebra, pero la comisionada de educación gana $250,000, director de seguridad $249,000, directora de la Junta $650,000, y legisladores sobre $140,000. La función de la Junta Fiscal es supervisar el presupuesto, pero gasta $15 millones. Hay que disolverla. ¿Tendrá sentido lo que dice Trump que Puerto Rico sale caro a Estados Unidos?

Buscar eliminar la Ley de Cabotaje. Implementar un incentivo contributivo nacional (Flat-Rate) y eliminar el municipal. Los municipios deberían sólo cobrar contribuciones de propiedad de acuerdo al valor de tasación. De ese impuesto se cobra agua, recogido de basura y alcantarillado (si aplica). La venta de bolsas de basura es impracticable. No importa los miles de millones de dólares que Estados Unidos envíe. Si no se implementa una infraestructura sólida, un Plan de Emergencia Nacional trascendente y poderoso, y un proyecto válido de una economía independiente, un ciclón de categoría 5 nos desaparece.

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