Hugo Rodríguez

Punto de vista

Por Hugo Rodríguez
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Plebiscito ¿estadidad, sí o no? es oxígeno para la colonia

Hace unos días el directorio del Partido Nuevo Progresista (PNP) anunció que la comisionada residente en Washington, Jenniffer González presentará un proyecto para que se celebre una consulta el mismo día de las elecciones, cuya pregunta sería ¿Estadidad, sí o no? El anuncio no sorprendió como un golpe de originalidad ni generó el entusiasmo que supondría una iniciativa seria que pretenda solucionar el tema del estatus de Puerto Rico. La razón es obvia: ni es una pieza de originalidad ni se ve como un intento genuino de adelantar el tema.

Para resolver el problema centenario de nuestra relación colonial con los Estados Unidos es necesario un proceso que confronte al Congreso de ese país con su responsabilidad descolonizadora. Después de todo, la Cláusula Territorial que ha sido fuente de autoridad de ese país sobre el nuestro, no solo otorga poderes plenarios para regir el territorio, sino también para disponer de él. 

Ello requiere que las fuerzas que creemos en la descolonización nos pongamos de acuerdo en un mecanismo procesal para adelantar el tema. El método de preferencia del Partido Independentista Puertorriqueño es la Asamblea de Status, que permite que cada fórmula descolonizadora tenga delegados que diseñen y negocien con el Congreso el contenido de sus respectivas propuestas, las cuales al ser traídas para la votación final del pueblo estarían definidas sobre bases reales. Se trata además del mecanismo más democrático, pues en el camino se consulta al pueblo, no solo para elegir los delegados sino para seleccionar la alternativa final.

A pesar de nuestra preferencia por este mecanismo, no estamos ajenos a que el partido de mayoría ha expresado en el pasado su aversión por el mismo. Por tal razón, estamos dispuestos a considerar otros mecanismos. Fue eso lo que nos llevó a respaldar el plebiscito legislado para el año 2017, antes de que la administración PNP sucumbiera al designio federal de incluir a la colonia dentro de la papeleta.

Un plebiscito Estadidad sí o no constituye una corriente de oxígeno para la colonia, que ya fue rechazada por los puertorriqueños en el 2012 y que ha caído la peor de las indignidades luego de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos resolviera Sánchez Valle y que el Congreso y el Presidente aprobaran la ley Promesa en el 2016. De ganar la estadidad por el margen previsible, no pasará nada. Si por el contrario gana el No, tampoco pasará nada, pues el Congreso se verá en la cómoda situación de interpretar que los puertorriqueños no han pedido un cambio. El ventilador artificial se quedaría enchufado para el paciente desahuciado del ELA.

Si no se quiere aceptar la propuesta de una asamblea de Status, un plebiscito entre Estadidad y Soberanía, que agrupe a la Independencia y la Libre Asociación, sería una alternativa aceptable y que no tendría el efecto de promover el inmovilismo. Si yaderrotamos la colonia en el 2012, cualquier iniciativa debe ser para adelantar la descolonización, no para retroceder en los pasos avanzados.

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