José Nicolás Medina  Fuentes

Tribuna invitada

Por José Nicolás Medina Fuentes
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Plebiscito y voto castigo

Él moriviví es típico de nuestra tierra. Muy sensible, amanece abierto esplendoroso en los suelos, aún impactado por el cariñoso rocío mañanero. Más tan pronto lo atropellan, se cierra como un puño en protesta silenciosa, pero una vez siente libertad, abre su abanico de hojuelas. 

El evento plebiscitario del 11 de junio lo considero un injusto embeleco colonial amañado para favorecer la estadidad, diseñado según las definiciones de ley, para cochar cual ganado el debate, como una votación de ciudadanía americana sí o no. Constituye un golpe insensible a los deseos de descolonización, libertad e igualdad de los puertorriqueños. Porque el mecanismo procesal adecuado para descolonizar a Puerto Rico debe ser la Asamblea de delegados de estatus, según definida por los juristas y pensadores más distinguidos de nuestro país.  Este evento plebiscitario trasciende en efecto a un evento electoral cotidiano. Se encuesta de manera inapropiada, no que partido gobernará el menguado poder territorial, sino cuál es el derrotero de estatus de Puerto Rico.

Ni siquiera se acerca al valeroso proceso, seguido por los rubios de Tennessi en los 1790 que, como resultado de una Asamblea de Delegados Constituyente, nombraron 3 delegados que llevaban dos proclamas al Congreso: o le daban la estadidad o declaraban la independencia.  Si el evento plebiscitario ha sido manipulado en las  definiciones de la ley habilitadora por el partido anexionista gobernante, y no es  el medio procesal idóneo para negociar el estatus  con los norteamericanos, entonces no hay porqué  tener reparos en desafiar sus propósitos y enfocar la votación para que refleje nuestro descontento con el proceso y orden de cosas, en particular como una protesta contra los recortes de derechos y aprobación de onerosos tributos para pagar una deuda pública impagable y gobernanza neoliberal del actual partido de gobierno y de la Junta de Control Federal.

Exhorto a todo aquel que esté descontento con el diseño plebiscitario o con los 81 tributos impuestos, incluyendo el aumento en las contribuciones sobre nuestras propiedades, ya de por sí desvalorizadas, o con los recortes de pensiones y derechos sociales que se instrumentan y los que se avecinan a que voten castigo bajo el círculo contra el partido de gobierno y la Junta de Control.  

Estamos en una época de mucha fragmentación sensitiva, miles de personas operan muros cibernéticos, ha habido una deslegitimación y ha incrementado la individualidad frente a los partidos, lo que se corrobora con el respaldo obtenido por Alexandra Lúgaro con un 11% de los votos (176,000) y preferencia creciente por otros candidatos independientes. En ese sentido cobra importancia que una personalidad independiente como Alexandra Lúgaro haya sido una de las portavoces iniciales de la convocatoria soberanista.

Si este proceso impugnatorio se abre democráticamente de verdad, y se promueve la participación real de las multitudes en los hechos,  y se abre espacio a distintos grupos de las bases y de páginas cibernéticas que se vayan creando, sin interés protagónico de partidos y grupos políticos, de manera que se puedan combinar  unas convergencias del pueblo de voto de protesta y castigo  por el proceso diseñado y ante la crisis económica generada por la deuda pública y control colonial con las razones coincidentes de los demás grupos hacia el voto por el círculo, ampliando más allá de un voto por la soberanía, entonces tendría la capacidad de convertirse en un movimiento realmente masivo. Para eso hay que abrir el proceso, hay que rediseñar las consignas, los mensajes centrales y porqué no: los colores.  De una convergencia soberanista, que puede mantener su propia dinámica, ampliarse hacia un voto de protesta o castigo por  otros grupos o convergencias que pueden mantener su propia autonomía operacional si así lo desean.

Una manera de buscar esa amplitud es mediante la creación de grupos de bases ("grass roots"), asistidos con decenas de páginas cibernéticas representativas de estos sectores.   Los jóvenes universitarios, a quienes se amenaza con cerrar sus centros de estudio, y con aumentos de matrícula que duplican las de las universidades privadas, pueden ser verdaderos maestros en estas tecnologías y ayudar a crear una verdadera revolución de protesta en las redes sociales. Tienen una asamblea nacional programada. ¿Porqué no aprobar en esa asamblea estudiantil una resolución de utilizar el evento electoral para reflejar su descontento y exhortar a votar bajo el círculo? Podría tener similar o mayor efecto que incluso una huelga.  Debe haber apertura para reconocer y fomentar la espontaneidad de grupos nuevos; que vuele la iniciativa en escuelas, universidades, centros de trabajo, barrios, municipios, páginas cibernéticas, con sus propios nombres: universitarios, mocanos, culebrenses, cooperativistas, díaspóricos, trabajadores, comerciantes, barrios, calles, ambientalistas, jóvenes, mujeres, comunidad LGBT, pensionados, por el círculo.

Mi exhortación   es a una amplitud de miras, de genuina devoción democrática, a expandir el grupo inicial dirigente del proceso para incluir a los movimientos y grupos amplios que surjan y se puedan desarrollar. Al fin y al cabo, ningún grupo podrá reclamar como suya la votación final, sino que sería el resultado de una verdadera convergencia que convoca a diversos sectores por distintas razones. Esto no puede presidirlo una actitud de hegemonía de grupos particulares.  Debe abrirse el proceso a una verdadera participación ciudadana, con un clima de respeto y tolerancia, que no lastime las sensibilidades de amplios sectores, en el que tengan voz en las convergencias los representantes de todos los grupos que se vayan creando desde las bases y redes sociales. Recordemos al moriviví, reconozcamos y respetemos lasdiferencias y sensibilidades de los demás.

Ya no existe la quinta columna (ninguna de las anteriores), y se ha prohibido hasta dejar la papeleta en blanco. Ante tal atropello sugiero a que no sólo se convoque a los independentistas y libre asociacionistas sino a todos los que votaron en el 2012 bajo la columna del ELA soberano y que Anibal Acevedo respaldó, y que superaron los 400,000 votos. Igualmente el Partido Popular Democrático, al que han dejado fuera de la papeleta, puede evitar su demolición interna si deja en libertad a sus seguidores  de votar en el plebiscito, mientras promueve o no condena las convocatorias de líderes como Manuel Natal por la libre asociación y de Cirilo Tirado por el voto castigo haciendo una cruz debajo del círculo.

Hago estos comentarios, para generar debates respetuosos y explorar convertir este proceso de votación en uno de protesta masiva de verdad. Veremos a ver si se mantiene abierto el moriviví boricua. 

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viernes, 6 de julio de 2018

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