Héctor J. Meléndez

Punto de vista

Por Héctor J. Meléndez
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¿Podemos o no manejar una epidemia en Puerto Rico?

Puerto Rico ha sido pionero en el control y eliminación de enfermedades infecciosas. Ante esta situación del COVID-19 nos preguntamos si podremos manejarla. Antes de contestar nos es obligado recordar tres sucesos en los que la voluntad y creatividad superó las limitaciones de la época. 

Comencemos con la malaria. ¿Fue la misma controlada o erradicada? Cabe destacar que esta es una de las infecciones más relevantes a nivel mundial, pues continúa tomando vidas y limitando la productividad de países en vía de desarrollo. Solamente en el 2018 se reportaron 228 millones de infecciones por el parásito de la malaria y sobre 400,000 muertes asociadas en todo el mundo (Organización Mundial de la Salud, 2019). Puerto Rico, como muchos otros países, sufrió los estragos de esta infección. Sin embargo, como producto de múltiples intervenciones a nivel gubernamental y comunitario, en el 1956 logramos el reconocimiento por parte de la OMS como el primer país tropical de América “y posiblemente del mundo” (Palacios LD) en eliminar la transmisión de la malaria. 

De manera similar, sabemos que la infección causada por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) continúa siendo un reto en Puerto Rico y el mundo en general. Aunque podemos destacar progresos significativos en la detección y control del mismo, aún estamos algo distantes de lograr una cura o hablar de eliminación. Sin embargo, una de las aportaciones a nivel mundial fue la que lideró la Dra. Carmen Zorrilla en el Centro Médico de Puerto Rico, cuando en 1997 reportaron cero transmisiones del virus del VIH de madre a niño (transmisión vertical). Esto representó un hito en el tema del VIH y es que una pequeña isla de unos 100 x 35 como tradicionalmente la llamamos logró lo que otros países con más recursos no han logrado al presente.

Por último, tengo que mencionar el caso de las infecciones por tuberculosis en Puerto Rico. Esta enfermedad ha rondado el mundo por miles de años y continúa siendo un problema tanto a nivel local como internacional. La misma es altamente contagiosa y en ocasiones difícil de detectar. Sin embargo, eso no ha sido una limitación para que hoy por hoy podamos decir con ánimo que el porciento de casos nuevos en Puerto Rico es significativamente menor al de Estados Unidos.

Sobre esto les comparto dos interrogantes.

¿Tenemos en el país al personal médico capacitado para atender esta situación? Sí, lo tenemos. Tenemos excelentes emergenciólogos, médicos primarios e infectólogos. Pero para ser efectivos tienen que ser integrados a las discusiones diarias a nivel gubernamental. Esta acción, entre muchas otras, es de vital importancia para contener y mitigar los posibles efectos del COVID-19 en la isla. La gente, las ideas y la experiencia las tenemos. 

Si me preguntan si podremos controlar el COVID-19, mi respuesta es, depende. Depende de si somos proactivos y no reactivos. Depende de si envolvemos a los profesionales que estarán en la línea de fuego. Depende de que recordemos y pongamos en práctica lo que hemos aprendido en los últimos cien años. Solo así podríamos seguir siendo pioneros en el control de enfermedades infecciosas.


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