David Aristizábal

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Por David Aristizábal
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Política pa' las gradas

Conozco a muchos que constantemente se enredan en discusiones muy acaloradas sobre quién es el mejor baloncelista entre Lebron James, Kobe Bryant y Michael Jordan. Y es que el fanatismo y sentido de pertenencia a grupos sociales, equipos, o sub-culturas dentro de nuestro entorno se convierten en parte de nuestra identidad.

Por tal razón, los seres humanos nos sentimos engrandecidos cada vez que logramos justificar y darle significado a lo que nos identifica como personas. Terminamos protegiendo afinidades, no importa lo absurdo que a veces puedan ser nuestros argumentos para salvaguardarlas.

Aunque la superioridad de otro equipo frente al nuestro pueda ser irrefutable, es entendible que se nos haga muy difícil aceptarlo. Evitamos reconocer las inferioridades de quienes apoyamos porque, al hacerlo, inconscientemente atacamos y vamos en contra de parte de nuestra identidad.

Lo mismo sucede en la política. Cada vez que escuchamos el “jugando pa’ las gradas” de algún partido en el que militamos es posible que se nos dificulte admitir el significado real de esa frase. Nos negamos a pensar que nuestro equipo o sus líderes puedan decir algo solo por quedar bien con quienes ya de por sí apoyamos. Se nos complica entender que nuestros gobernantes predilectos hagan otra cosa que no sea velar por nuestro bien y por esa identidad a la cual en algún momento le achacamos un color.

Pero aunque no lo parezca, mis queridos amigos, la política y el deporte no son lo mismo. Aquí la importancia que se le dé a repudiar la malversación de fondos. Aquí meter presión para evitar medidas discriminatorias sí rinde fruto. Aquí la pasión y mente que se le ponga a decidir quién jugará en el cuadro del gobierno sí hace la diferencia. ¿Porque saben qué?

Lebron nunca decidirá cómo se utilizan tus contribuciones ni cuidará por tu bienestar. Kobe nunca se hará cargo de tu salud o la educación de tus hijos. Y que Jordan sea el papá, o no, de los otros dos, nunca aportará nada a que yo me pueda quedar o me tenga que ir de la isla.

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