Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Política sin política

De David Bernier se dijo una vez que, de niño, imitaba al entonces gobernador Rafael Hernández Colón y decía que, cuando grande, quería emularlo. 

A lo largo de su vida estudiantil, y durante el tiempo en que fue deportista, ser gobernador era una aspiración, una idea, quizás un sueño, que, nunca de dejó de palpitar en su horizonte.  

Cuando, una vez graduado de dentista, algunos empezaron a verle madera de líder y empezó a recibir nombramientos en gobiernos del Partido Popular Democrático (PPD) y, después, con el Comité Olímpico de Puerto Rico (COPUR), aquella idea que, quizás jugando, quizás no, se planteó desde niño, empezaba a coger forma y peso. 

Cuando en el 2015, el entonces gobernador Alejandro García Padilla decidió no aspirar a la reelección, lo que una vez fue quizás no mucho más que una elucubración, era realidad. David Bernier, al fin, estaba a las puertas de la gobernación. 

Le tocaba, como quien dice, el turno.

Pero, menudo detalle, para llegar tenía que atravesar la selva inhóspita, hostil, sangrienta, de la política partidista. Era un mal necesario, decían que creía él. Tenía que librar batallas contra el partido contrario y, en su caso, hasta con su mismo partido,  que eran mucho más cruentas porque intentó domar bestias que hace generaciones campean por su respeto en aquellos lares. 

De esa batalla salió con algunos rasguños que todavía no han cicatrizado. 

Perdió en su primer intento, como sabemos todos. Al atravesar aquel tornado, del que salió despeinado y aturdido, se refugió en su familia y en su profesión de dentista. 

Apenas se le ve desde entonces. No hizo lo que hacen casi todos los políticos cuando salen de esos trances. No se le vio de cabildero, de contratista, de corredor de seguros ni de ninguna de esas otras actividades favoritas de expolíticos. 

Era, simplemente, el Doctor Bernier que aterroriza igual a niños y a adultos sacándole muelas y cordales, haciéndoles limpiezas, platificándoles dientes, poniéndoles puentes  y sometiéndolos a esa tortura moderna conocida como “root canal”.  

Asomándose en el horizonte, otra vez, la época electoral, la idea de la gobernación comenzó a palpitar otra vez. No era difícil tentarlo. El estrecho margen de derrota del 2016 (2.93%) le dejó con la piquiña de que girando una que otra tuerca podía forzar esta vez un destino distinto. 

Salieron encuestas que decía que tenía oportunidad de ganar la primaria popular y la elección. Cuentan que donde quiera que abría una puerta le salía de la oscuridad una cara diciéndole “David, corre”. La que va primero en las encuestas ahora mismo, Carmen Yulín Cruz, estuvo entre las que fue una vez a su casa a decirle “David, corre”.

Lo consideró de verdad. Le dedicó muchas horas de reflexión. Se vio en Fortaleza, cumpliendo su sueño de niñez. Pero se vio, antes, en la guerrilla de todos los días de la radio AM y los periódicos. Se vio diciendo cosas en las que no creía para complacer a uno u otro. Se vio entrando de nuevo al pantano, caminando por el lodo tratando de no enlodarse. Se vio respondiendo ataques y teniendo que hacerlos a veces. Se vio, de nuevo, en la política, ese tramo necesario antes de gobernar que nunca le encantó. 

La principal razón que dio Bernier  para no correr es, en el fondo, económica. La carrera le obligaría a reducir sus actividades de dentista y también harían detener las de su esposa, Alexandra Fuentes, que es tanto animadora como productora. Por eso fue que dijo que, de él correr, Fuentes “vería tronchado su crecimiento profesional”. 

Pero en el fondo, un poco más allá de eso, que hay maneras de manejarlo, la verdadera razón es que Bernier nunca ha estado cómodo en la piel del político y esa experiencia no quería vivirla otra vez. Quizás no le molesta la política. Pero la quiere sin política. Y eso, ahora mismo, aquí, no es posible.

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