Fernando Cabanillas

Consejos de cabecera

Por Fernando Cabanillas
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Politraumatizados: el gran reto de los terremotos

El 12 de enero de 2010, un terremoto de 7.0 grados de magnitud sacudió Haití, lo que resultó en aproximadamente 222,570 muertes y 300,000 personas lesionadas. El Instituto Global de la Universidad de Miami estableció el primer hospital de campaña en Puerto Príncipe después de la catástrofe. Se registraron lesiones y 60% de esos lesionados requirieron un procedimiento quirúrgico. Las lesiones más comunes fueron fracturas, dislocaciones, heridas infectadas y contusiones cerebrales. Los procedimientos quirúrgicos más comunes fueron el desbridamiento de heridas, injertos de piel, traumas ortopédicos y amputaciones quirúrgicas.

El 11 de marzo de 2011, un terremoto de magnitud 9.0, conocido como el “Gran Terremoto del Este de Japón”, provocó un tsunami masivo que inundó más de 200 millas cuadradas de tierra costera. Se afirma que las olas alcanzaron la altura de un edificio de 12 pisos. Unas 20,000 personas murieron y cerca de 500,000 fueron obligadas a evacuar. Además, el colapso de una planta de energía nuclear provocó una emergencia. La pérdida económica directa del terremoto, tsunami y desastre nuclear ascendió a $360 mil millones.

Para poner todo esto en perspectiva, por cada punto en la escala Richter, la magnitud de un terremoto sube por un factor de 10. En otras palabras, el terremoto de Japón, de intensidad 9.0, comparado con el de Haití, fue 100 veces más fuerte. Sin embargo, en Haití ocurrieron más de 200,000 muertes en contraste con las 20,000 ocurridas en Japón. Y encima de esto, 96% de las muertes en Japón fueron por el tsunami, reflejando la buena construcción en ese país, muy preparado para terremotos. 

Con estos datos queda de manifiesto que los terremotos en áreas con recursos limitados pueden provocar una mortalidad considerable debido a la inadecuada ingeniería, construcción de edificios, infraestructura de transporte y capacidad de búsqueda y rescate. Estos factores se magnificaron en el terremoto de Haití debido a los recursos económicos limitados y la destrucción de gran parte de la infraestructura de atención médica, que ya de por sí era limitada.

¿Cómo nos iría en Puerto Rico con un terremoto de 7.0 grados? Imposible contestar esta pregunta categóricamente. Podemos especular que no nos iría tan mal como en Haití, pero tampoco tan bien como en Japón, donde los edificios están bien construidos para tolerar estos desastres. Cuanto más fuerte es el terremoto, más se mueve el edificio, si es uno moderno y bien construido. Si el edificio se sacude demasiado, los elementos estructurales, como vigas, columnas, paredes y tirantes, pueden dañarse y podría perder su funcionalidad, pero raras veces un edificio bien construido se colapsa. Los edificios modernos están preparados para moverse como una hamaca, pero no se caen. 

El problema mayor en Puerto Rico son las llamadas “construcciones criollas” fabricadas porpersonas que no tienen adiestramiento formal alguno. Esas son las más propensas a colapsar durante un terremoto fuerte, causando lesiones serias a sus moradores. 

¿Cuáles son las causas predecibles de traumas secundarios a un terremoto? El movimiento del suelo durante un terremoto rara vez es la causa directa de muerte o heridas. La mayoría de las lesiones causadas por un terremoto son prevenibles y están relacionadas con el colapso de paredes, vidrios voladores y objetos que les caen encima a las personas, como por ejemplo estantes de libros. Por eso se nos aconseja que nos acomodemos debajo de algún mueble fuerte como un escritorio o una mesa, y que nos mantengamos alejados de ventanas de cristal.

¿Cuáles son las lesiones más frecuentes? Las más comunes son las fracturas de hueso y el aplastamiento de los músculos, algo que puede dar lugar a una condición llamada mioglobinuria que frecuentemente provoca fallo renal agudo. El trauma psicológico puede ser otro trastorno común causado por un terremoto. 

¿Qué ocurriría en nuestra isla si un terremoto fuerte de magnitud 7.0 o más, nos azotara causando un gran número de lesiones traumáticas? Esto resultaría en una grave emergencia nacional. Los paramédicos en las ambulancias están adiestrados para transportar a los pacientes a los centros donde les puedan atender mejor. Si el trauma es muy serio, la única institución en la isla preparada para manejarlo es el Centro de Trauma ubicado en el Centro Médico de Río Piedras, lo que provocaría un caos si no están bien preparados. Probablemente otras salas de emergencia tendrían que colaborar, evaluando y estabilizando a los pacientes politraumatizados antes de transportarlos al Centro Médico. Los ortopedas que trabajan en estos centros no especializados en trauma se activarían espontáneamente como ya ocurrió cuando nos azotó el huracán Hugo en 1989. Pero otro de los problemas serios que podrían surgir es la escasez de sangre. El clima de histeria probablemente interferiría con las donaciones de sangre en los bancos nacionales. Probablemente tendríamos que depender de que nos enviaran sangre de Estados Unidos, si es que el presidente Trump, que tanto nos aprecia, no da una contraorden.

La preparación para responder apropiadamente a los heridos de un sismo es un tema al que el gobierno debe dar atención urgente.

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