José Humberto Rivera Madera

Tribuna Invitada

Por José Humberto Rivera Madera
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¿Por qué la crisis la pagan los retirados?

En los últimos 15 años, los gobiernos de turno en Puerto Rico se han ensañado contra un sector que cada vez se ve más imposibilitado de defenderse: nuestros retirados.

Desde la reforma de Retiro 2000 implementada por Pedro Rosselló hasta la nueva propuesta de su hijo Ricardo, hoy gobernador de Puerto Rico, se denota un peligroso y abusivo patrón de tratar de despojar a nuestros retirados de las condiciones básicas para llevar una vida plena y de despojarlos de apoyo para poder cubrir sus necesidades primarias en la etapa final de sus vidas.

Ante esta situación, que ha sido auspiciada por gobiernos de ambos partidos, merece cuestionarnos si el Estado está realmente preocupado y comprometido con brindar las condiciones justas a esta población, o si más bien ve a este sector como un peso más sobre el sistema, aunque hayan sido estos con sus contribuciones y su trabajo, quienes hayan cargado al país en sus hombros durante las pasadas décadas.

Hoy el gobierno que ha errado en sus decisiones por años y ha saciado su sed de pomposidad y lujos malgastando y malversando dinero que no le pertenecía, quiere enviar a quienes mediante su trabajo generaron riqueza para el país, a vivir una vida de necesidad, tristeza e incertidumbre haciéndolos más pobres y vulnerables.

Si bien es cierto que la reforma de Retiro 2000 de Rosselló, padre, y la decisión del gobernador Alejandro García Padilla de asignar dineros del Retiro para pagar deudas afectaron grandemente las condiciones de vida de nuestros retirados, la nueva propuesta del gobernador Ricardo Rosselló, en contubernio y maridaje con la Junta de Control Fiscal, amenaza a nuestros retirados con enviarlos a una vejez llena de sufrimiento y necesidad.

Los draconianos recortes propuestos por la Junta de Control Fiscal afectarán al 75% de nuestros pensionados en una proporción que puede ir desde 10% a 25% de sus pensiones. A esto, deben sumarle el cálculo de aquellos que reciben Seguro Social, que ya opera mediante una fórmula que combina ambos ingresos, y el drástico aumento en el costo de vida, alimentos y medicamentos. De nuevo, la soga parte por lo más fino y vuelven a pagar los que llevan toda una vida pagando.

Yo vengo de una familia de servidores públicos asalariados. Por esa razón me resulta indignante que se trate como un problema y no como una obligación el tema de nuestros retirados. Durante muchos años vi el sacrificio de mis padres para poder levantar a nuestra familia y las veces en que ellos anteponían mis necesidades y las de mis hermanos estirando el presupuesto para que no faltara nada. Todo esto lo hicieron bajo la esperanza de que si trabajaban duro y aportaban lo suficiente para su retiro no tendrían que pasar ninguna necesidad en la etapa final de sus vidas. Trabajaban incansablemente y tenían todo planeado.

Hoy, aunque el retiro de mi padre es de una corporación pública, viven bajo la incertidumbre de en cuánto verán disminuido su cheque o cuál será el próximo beneficio que pierden ante las exigencias del gobierno.

Familiares cercanos, maestros y trabajadores de toda una vida, se preguntan si el golpe será muy fuerte y hasta cuándo seguirán pagando ellos las malas decisiones de otros. Se les hace difícil aceptar que todo lo que habían planeado para sus años luego del trabajo, todos los planes de disfrutar a sus hijos y nietos, de saldar su casa, de no tener necesidad en caso de una emergencia de salud y de vivir tranquilos, se ve obligado a ser reajustado por culpa de siete personas en una Junta y un gobernador que gastan millones en contratos para sus amigos, pero que piensan que son ellos, los retirados, quienes tienen que pagar sus lujos y errores… de nuevo.

Siempre he pensado que quien no ha sentido necesidad no la conoce bien. Para entender y poder internalizar este tema es necesario que los que están en el poder se quiten su blanca banda de los ojos. Que entiendan que la realidad puertorriqueña no solo es la de sus colegios caros y universidades en Estados Unidos y que hay una gran cantidad de hombres y mujeres humildes que con su trabajo y contribuciones financiaron los choliseos a donde ellos van a ver conciertos con taquillas de doscientos dólares.

Es imperativo que reflexionen sobre el mensaje que envían a los trabajadores y futuros trabajadores de esta patria sobre qué tan importante es el servicio público y qué futuro les espera. Es necesario que sepan que con las esperanzas y el trabajo rendido, dado y sudado por un pueblo, no se juega ni se ponen en riesgo sus sueños. Esa es la expectativa que tienen los puertorriqueños retirados: que si no les agradecen su servicio y su sacrificio, al menos les respeten sus sueños.   

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