Juan Candelaria

Punto de vista

Por Juan Candelaria
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Por qué llegan al poder personas con trastornos patológicos

Muchos nos cuestionamos por qué carreristas políticos, con marcado desdén por las necesidades del pueblo, acceden al poder. Muchas de esas respuestas las vamos a encontrar en el artículo publicado en Psychology Today, diciembre del 2019, bajo la firma de psicólogo Steve Taylor. Recoge el autor el concepto magistralmente esbozado por el psiquiatra polaco Andrew Lobaczewski, “pathocracy” (patocracia). La experiencia de Lobaczewski de los horrores vividos, primero ante los nazis y posteriormente, con la ocupación soviética, lo llevan a concebir ese constructo. Dedicó su vida al estudio del mal humano. 

Subraya que, a lo largo de la historia, individuos patológicos suelen alcanzar la cima. Personas con trastornos de la personalidad (particularmente la psicopatía) ocupan posiciones de poder. El psiquiatra quería entender por qué las personas “malvadas” parecen prosperar, mientras que muchas personas moralmente buenas luchan por tener éxito. Quería entender por qué las personas con trastornos psicológicos asumen tan fácilmente posiciones de poder y se hacen cargo de los gobiernos.  La “patocracia” es posiblemente uno de los mayores problemas en la historia de la raza humana. 

Añade el autor, “la historia ha sido una saga de conflictos constantes y brutalidad, donde grupos de personas luchan entre sí por territorio, poder y posesiones. Se conquistan y matan entre sí”. Un pequeño número de personas, aquellos con trastornos de personalidad, brutales y crueles, intensamente egocéntricos, carentes de empatía, se encumbran en el poder. Esta pequeña minoría, usualmente, ha mantenido el dominio y ha logrado ordenar o influir en la mayoría para cometer atrocidades en su nombre. Una pequeña minoría que padece trastornos de la personalidad como el narcisismo y la psicopatía sienten un deseo insaciable de poder. Las personas con trastorno narcisista de la personalidad desean atención y afirmación constantes. Un impulso de ser adorados. Sienten que son superiores a los demás y tienen derecho a dominarlos. También carecen de empatía, lo que significa que pueden explotar y abusar despiadadamente de otros en su ansia de poder. 

Las personas empáticas, por otro lado, no están interesadas en el poder. Prefieren estar “en el terreno”, interactuando y conectándose con otros. Por lo tanto, esto deja abiertas las posiciones de poder para las personas con trastornos psicológicos. 

Esto no quiere decir que todos en el poder padecen de trastornos; algunos “pueden usar las faldas de un líder patológico cuyos objetivos coinciden con los suyos”. Lo anterior podría explicar, en parte, nuestra situación actual. 

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