Anadell Colón

Punto de Vista

Por Anadell Colón
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¿Por qué los pintores somos raros?

Se debe aceptar que los pintores somos diferentes a los demás. Con el paso de los años, nos damos cuenta que en verdad el arte se da en personas frágiles de ánimo, pues esto es como una herramienta para crear que los demás no tienen. Y es por esto que los pintores somos raros e incomprendidos, la mayor parte del tiempo.

Queramos o no, somos distintos. Buscamos en la vida, la belleza sublime y el placer que da lo estético. Raros, porque somos solos. Pero no lo mal entiendan… Podemos estar rodeados de personas y seres queridos a nuestro alrededor, pero ellos no sienten lo que nosotros sentimos cuando cae el Sol y las hojas de los árboles se tornan dorados, cuando estamos en la playa, y vemos el brillo del salitre en la mejilla de un niño…O cuando preferimos estar solos en nuestro estudio, en lugar de irnos al centro comercial.

Nosotros los pintores tenemos el poder mágico de irnos al mundo de la pintura y no volver, hasta nuevo aviso. ¿Pero, y por que no desearíamos irnos de vez en cuando? Lejos del mundo cruel en que vivimos, ese mundo en el que importa tener mucho dinero, en el que importa lo que opinan los demás, donde se escuchan conversaciones banales acerca de cómo tener éxito y aceptación social, aunque no seamos verdaderamente felices. Que si hay que ir a reuniones vacías, donde no se llega a nada o ¿qué ejercicio hacer para bajar la barriga? o ¿por qué la vecina se compró un carro nuevo? o ¿por qué el otro vecino lavó su camioneta cinco veces esta semana?

Así que, en lugar de estar allá, nosotros preferimos ir a nuestro universo perfecto. Allí no hay dolor, no hay tristeza ni envidia.  Al contrario, en nuestro mundo, que nos pertenece, hay color, música y movimiento en cámara lenta. Mientras esto pasa, observamos situaciones de la vida que nos provocan un sentimiento de querer pasar todo a una tela.

Y allá vamos de nuevo… Puede que este sucia la casa o hasta que nos sintamos enfermos, pero “se debe crear”. Porque es una necesidad que es parte de nosotros los artistas. Esas horas largas, se sienten minutos, mezclando colores, ensuciándonos nosotros y la ropa, tratando de llevar ese sentimiento que nos tocó a un lienzo blanco; con el propósito de que los demás lo vean y sientan lo mismo que nosotros. “Los raros” sentimos en ese momento.

Sí, somos raros, porque nos fastidia, nos cansa lo vulgar y lo corriente en el vestir, en las melodías de moda y en el diario vivir.  Lo cotidiano, lo toleramos, pero con esfuerzo. 

Somos capaces de volcar el amor en un gran romanticismo y también odiar, con la misma intensidad. Somos autómatas, groseros en la autocrítica y poseemos mucha imaginación con capacidad extrema de generar ideas insólitas.

Más que raros, los pintores somos diferentes a los demás, de eso no hay duda. Pero lo que verdaderamente nos destaca de la multitud es nuestra capacidad de llevar alegría a los demás. Por medio de una pintura, llevamos felicidad a una sala vacía y esperanza a un alma perdida.

Por eso, debería de haber más gente como nosotros.

El mundo debe saber, que los pintores somos grandes, que la pintura es nuestro amor, porque la pintura nos hace feliz. No pintamos por dinero. Pintamos porque buscamos felicidad. No vivimos hastiados de la vida, porque vivimos para crear y dejarle al mundo un legado del regalo que Diós nos dio.

No se preocupen por nosotros, ser raros es nuestra mayor virtud. Hay una parte de nosotros que nunca crece, somos como niños perpetuos que regalamos inmortalidad. Y hasta la persona más racional, necesita escapar y generar un nuevo sentido común de la realidad insólita, que no aparece en la burocracia ni en el ámbito económico, sino en el espacio majestuoso de: una obra de arte.











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