Zoé Laboy Alvarado

Tribuna Invitada

Por Zoé Laboy Alvarado
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Por qué Washington excluye a Puerto Rico

La determinación del Congreso de los Estados Unidos de no incluir a Puerto Rico ni a otros territorios en la Reforma de Salud nos decepciona, pero no nos sorprende del todo.

En los pasados días estuve en Washington D.C. cabildeando junto al gobernador Ricardo Rosselló, jefes de agencia y legisladores de mayoría y minoría, por la aprobación de medidas que eviten lo que se ha denominado el “precipicio de salud”.

Se estima que los fondos federales para nuestro sistema de salud se acaban a principios del año próximo. Si el Congreso no acepta atender esto, Puerto Rico tendrá que evaluar cubrir con fondos estatales el gasto del plan Mi Salud. Esa situación pudiera resultar en que muchos puertorriqueños y puertorriqueñas pierdan sus cubiertas porque la Isla no tiene margen para cubrir el servicio. 

La experiencia de la semana pasada en D.C. me sirvió para validar lo que sabía: nuestro estatus colonial es impedimento para que nos vean como iguales; nuestro estatus colonial es impedimento para poder acceder a fondos que permitan que nuestra gente más vulnerable reciba los servicios que necesita.

Visitar el Congreso para pedirles a los congresistas y a sus equipos de trabajo que atiendan el asunto de Puerto Rico fue un enorme reto. Dedicamos horas a explicarles las consecuencias que tendrá en nuestra gente; les ofrecimos números de cuántos de nuestros hombres, mujeres y menores quedarían sin servicios de salud.

Aunque ante esta realidad muchos mostraban preocupación, la entrelínea que escuché fue: ¿cómo ayudar a los puertorriqueños, cuando los constituyentes de mi estado también corren el peligro de perder acceso a servicios de salud?

Fueron escuchados con mucha atención los argumentos de que no atender el asunto de Puerto Rico con urgencia provocará un mayor éxodo de puertorriqueños, quienes necesitarán servicios de salud, lo que le provocará un aumento en el gasto de sus fondos federales y estatales, particularmente cuando se estima que el costo en servicios a ese puertorriqueño que se mude a su estado será mayor al costo si se quedara en la Isla. Pero, evidentemente, no fue suficiente. Más allá, aun asumiendo que más adelante comprendieran la importancia de este asunto, no pasaría mucho tiempo sin que otra vez nos veamos en la misma situación de pedir a otros que se preocupen por los nuestros.

Mis constituyentes merecen tener congresistas que luchen, de tú a tú, con los congresistas de otros estados. Nuestra relación con Estados Unidos tiene que incluir ser parte del Congreso con nuestra propia representación que luche por los ciudadanos americanos que vivimos en Puerto Rico.

Basta ya de tener un grupo pidiéndoles a otros que atiendan las necesidades de los colonizados. Hoy más que nunca, es el momento de descolonizar a Puerto Rico; de perseguir la igualdad; es el momento de defender nuestros derechos.

Solo cuando tengamos los dos senadores y cinco congresistas luchando por los mejores intereses de nuestra gente, podremos dejar de pedir. Basta ya de pedir, es momento de exigir la igualdad que merecemos. Ya es hora de Puerto Rico 51.

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