Miguel A. Pereira Castillo

Punto de vista

Por Miguel A. Pereira Castillo
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Poseer un arma es un derecho, no un privilegio

La nueva ley de armas de Puerto Rico ha sido modificada porque el paradigma jurídico en Estados Unidos cambió. El cambio de paradigma es una transformación de enfoque, de modelo.  

En un momento histórico, hasta esta nueva ley, poseer y portar armas suponía un sentir de necesidad y privilegio.  Primero tenía el peticionario que demostrar una necesidad de poseerla y portarla; segundo, se tenía que establecer ser merecedor del privilegio cumpliendo con los requerimientos impuestos por el Estado. El historial conductual del peticionario era entonces merecedor del privilegio que buscaba obtener. 

La jurisprudencia norteamericana dictada por el Tribunal Supremo y la relación política de Puerto Rico con los Estados Unidos nos llevan a tener que aceptar que poseer un arma de fuego es un derecho otorgado por la Constitución estadounidense, por ende, en Puerto Rico

Nos obliga, además, a aceptar que la capacidad de poseer el arma incluye con ella la autoridad de portarla, no como en la pasada Ley. Las nociones que requerían una demostración de necesidad se desvanecen ante la realidad legal de que los derechos son derechos, y aunque ninguno es inmutable y todos están sujetos a interpretación, un reclamo ciudadano amparado bajo sus derechos, ejerce un peso más fuerte que un reclamo de privilegios. El que otorga privilegios, entiéndase el Estado, puede alterar, limitar, incluso terminar, cualquier privilegio, pero no así los derechos.  

Los cambios técnicos que trae consigo el nuevo estatuto están bien descritos en la noticia reportada en El Nuevo Día y en la opinión del licenciado Osvaldo Carlo, (ed. 12 y 13 de diciembre 2019). Lo que queda por discutir son las posibles consecuencias sociales de este nuevo orden. Aunque envueltas en el lenguaje de poesía y mitos, las armas de fuego están diseñadas para una sola cosa: matar a otros seres humanos.  

Si usted es parte de los ciudadanos que celebran este cambio de paradigma recuerde varias cosas:  evite la negligencia en el uso y el almacenaje si va a solicitar un arma.  Sepa que tendremos en la calle a más personas armadas legalmente.  Controle su temperamento; usted no sabe quién está armado a su alrededor. Proteja a sus seres queridos de otros y de ellos mismos.  No podemos regresar a la “ley del revólver”. Ejercer cautela. Las armas de fuego son herramientas increíblemente eficaces y cumplen su propósito.

Yo voté a favor de la nueva ley de armas. Había que atemperar nuestra ley a la constitución de los Estados Unidos, tomando en cuenta que se trata entonces de un derecho del puertorriqueño, quien es también ciudadano norteamericano. 

Esta ley permite, a menor costo, que personas de buena conducta se puedan armar para protegerse, de ser necesario. No considero que se empeore la conducta criminal que se nutre del mercado ilegal. Siempre hay quecontinuar esclareciendo delitos para controlar el crimen.

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