Miguel A. Riestra

Tribuna Invitada

Por Miguel A. Riestra
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Posible sustitución del español por el inglés

En mi última columna publicada en El Nuevo Día, argumenté que el Congreso de Estados Unidos tal como lo hizo con la Ley Promesa y con las peleas de gallos, podría sustituir el español por el inglés como idioma oficial de Puerto Rico.  De las múltiples reacciones a mi artículo, una persona planteó que esto “sería lo imposible”.  Veamos:

Durante los primeros años del colonialismo anglosajón, bajo el comisionado Ronald P. Faulker (1904-1907), el inglés se convirtió en el vehículo oficial en la instrucción pública.  Luego, cuando José Padín fue nombrado comisionado de Instrucción, se estableció el español como vehículo de enseñanza en la escuela elemental.  Pero después de las acciones de los nacionalistas de 1936, el secretario de lo Interior, Harold Ickes, destituyó a Padín en 1937.

Luego, en 1946, la legislatura insular aprobó un proyecto de ley mediante el cual se establecería la utilización del español como idioma oficial en la docencia en la isla.  El gobernador interino, Manuel A. Pérez, opuso su veto que reiteró el titular Tugwell.  Se elevó el proyecto al presidente de los Estados Unidos, quien lo vetó en definitivo.  Se apeló al Tribunal de Distrito que dictaminó en contra del veto presidencial, pero el Tribunal Supremo confirmó el veto presidencial.  Se decretó pues, que el Departamento de Instrucción, a través de una carta circular, administrativamente puede utilizar el idioma español en la enseñanza en las escuelas.

De acuerdo con Germán de Granda en su libro Transculturación e interferencia lingüística en el Puerto Rico contemporáneo, “la decisión de usar el español en la docencia es por la índole misma (interna y administrativa) y fundamentalmente provisional, pudiendo ser derogada del mismo modo que se dictó por simple carta circular”. (pág. 55)

Debemos señalar que el inglés es el instrumento de enseñanza en múltiples escuelas privadas y en las facultades de medicina y ontología de la Universidad de Puerto Rico.

Germán de Granda continúa expresando “que aún más grave es el prestigio que rodea a las instituciones privadas que enseñan inglés.  Se asocia psicológicamente en la mente de los puertorriqueños la buena calidad educativa con el uso de la lengua inglesa, mientras que la educación donde se utiliza el español se identifica en el más bajo escalón de la eficacia y de la excelencia”.  (pág.56)

Si el uso del inglés nos trae prestigio y si la clase dominante y una mayoría de los puertorriqueños e inclusive varios independentistas viven y prefieren las “actitudes y estilos del American way of life”, ¿dónde reside la imposibilidad de que el Congreso americano unilateralmente nos imponga el inglés como el idioma oficial del territorio no incorporado o la colonia puertorriqueña?  Creo que esto será lo próximo que legislarán, como parte del proceso para darnos la suave patadita en el trasero que ellos están planeando hace mucho tiempo y que entonces aceptaremos sin mucho escándalo.

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