Emilio Nieves Torres

Punto de Vista

Por Emilio Nieves Torres
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Precipitado el plan de inicio de clases

El sismo de 6.4 ocurrido el 7 de enero de 2020 y la secuela de réplicas representan una nueva experiencia que marca la vida personal y colectiva de los puertorriqueños. La vulnerabilidad de las casas y edificios públicos o privados es evidente. En el caso de las escuelas públicas, 292,000 estudiantes y 40,000 empleados del Departamento de Educación no sienten seguridad en las instalaciones escolares, no solo por la inspección de las estructuras escolares, sino por la preparación de la comunidad escolar ante los terremotos.

Iniciar el segundo semestre de clases es distinto al inicio de clases luego del huracán María, cuando la limitación principal era la falta de energía eléctrica y agua potable. Otra limitación eran las escuelas que se utilizaban como refugios. En el caso de los sismos estas limitaciones no existen y apenas se utilizan las escuelas como refugio. 

La limitación mayor es la inestabilidad emocional que causa el riesgo de estar en una estructura que no es sismo-resistente. Las inspecciones oculares realizadas a las escuelas por los ingenieros estructurales corresponden a una primera fase del proceso y no son suficientes. La segunda fase requiere de estudios más profundos y precisos para determinar la sismo-resistencia de la escuela. ¿Por qué no se hace esto? Porque toma mas tiempo y es costoso. Esa es una excusa inaceptable. Ante la magnitud de la emergencia que enfrentamos, hay que tomar decisiones para proteger la vida de los maestros y estudiantes de hoy y del futuro.

El Departamento de Educación, al inicio del semestre escolar, intenta atender la situación emocional de maestros y todo su personal mediante un taller sobre el manejo de stress y de crisis emocional. Esto es necesario. Sin embargo, no se puede pedir calma si no fluye la información sobre el escenario estructural en el cual esperamos restablecer las clases. No hay manera de superar la crisis en un salón de clases donde no tengo la certeza de que la estructura es sismo-resistente o de que el plan de desalojo tenga los elementos esenciales para salvar vidas. 

La emergencia nacional requiere que no nos precipitemos. La comunidad escolar debe tener la información sobre los hallazgos y recomendaciones de cada inspección, si la escuela fue construida antes del 1987, si tiene columnas cortas, si la escuela ha tenido reparaciones y cuáles medidas se van a tomar para garantizar que la escuela cumple con los criterios mínimos para ser sismo-resistente. Además, hay que realizar diversos talleres y adiestramientos sobre terremotos, primeros auxilios, inventario de suministros, revisar los planes multirriesgo de cada escuela, tener y discutir los mapas de tsunami, identificar las rutas de desalojo y puntos de encuentro, realizar simulacros que incluyan todos los posibles escenarios o espacios en la escuela, entre otras medidas. Esto puede tomar al menos 5 días de preparación para el personal escolar. 

El Secretario de Educación no puede actuar dictatorialmente tomando decisiones precipitadas sin consultar a la comunidad escolar. El éxito de cualquier proceso de reconstrucción requiere de diálogo y participación democrática de los afectados en la toma de decisiones. Lo contrario sería la imposición insensible e irresponsable.

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jueves, 9 de enero de 2020

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