Orlando Parga

Punto de vista

Por Orlando Parga
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Prepárense para el próximo “perreo intenso”

La partidocracia puertorriqueña apuesta a la memoria corta.  Vive convencida que tras el derrocamiento en la calle del gobernador Ricardo Rosselló Nevares, las aguas amansarán a su nivel y la política seguirá como siempre.  La teoría elaborada por reconocidos analistas concluye que los eventos de julio pasado, aunque detonados por la crudeza y vulgaridad del chateo, fueron más consecuencia de las emociones e insatisfacciones que provocó María y la lentitud en la recuperación que a un rechazo colectivo hacia los malos hábitos de la clase política.  O sea, que las marchas y demostraciones masivas sirvieron de purga y que, renunciado el gobernador y agotada la pólvora emocional, ahí quedó el asunto.  Lo peor del caso es que muy probablemente este análisis esté correcto y la clase política que domina las estructuras en los partidos Nuevo Progresista y Popular Democrático que se turnan el poder de gobernar, finalmente se salga con la suya.

Si en verdad, más que aspirar, el pueblo puertorriqueño quiere imponer una reforma política inmediata que sea eficaz para sacarnos de las tinieblas que nuestra democracia vive por décadas, bastaría con enmendar la “Ley para la Fiscalización del Financiamiento de Campañas Políticas en Puerto Rico” (Ley 222 de 2011) y el Código Electoral, limitando drásticamente la cantidad de fondos privados a invertirse en los gastos publicitarios y las campañas de gobernador, legisladores y alcaldes; a la vez que se reduce rigurosamente a 30 días el período de campaña de primarias y elecciones generales.

El tumor canceroso que aflige la partidocracia se nutre del inversor político que mediante artimaña ilegal financia la campaña, para después pasarle factura al candidato electo.  En nuestro ambiente político la estructura de partido es ya inocua, suplantada por el comité del candidato y su agencia publicitaria que toman decisiones a base de los requerimientos, diseño y costo de la campaña.  Concluido el millonario ciclo electoral de primaria y elecciones, el candidato electo tiene que recaudar fondos para el pago de la deuda contraída al tiempo que comienza a recaudar para su campaña de reelección.  El resultado es que la política pública, el bien común, los fondos públicos, la gobernanza, irremediablemente quedan atrapados en las redes de la corrupción.

El remedio es simple y estamos a tiempo de hacerlo, ahora mismo, antes del próximo año electoral 2020.  Solo requiere voluntad política de los tres partidos representados en la Asamblea Legislativa.  De lo contrario, prepárense para el próximo “perreo intenso”.

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