Angie Vázquez

Punto de vista

Por Angie Vázquez
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Prepárese para el gran experimento social

A partir de mañana, y por las próximas dos semanas, comienza en Estados Unidos y en Puerto Rico el gran experimento social de cierre ya implementado en algunos lugares infectados por el coronavirus. Para contener y detener el contagio, las autoridades han decidido imponer la política del distanciamiento social elevada a su tope máximo, estableciendo el cierre de localidades privadas y públicas, escuelas, trabajos, oficinas médicas y hasta de hospitales que ya han comenzado a ofrecer servicios en líneas externas de servi-carro. Puerto Rico, además, acaba de añadir al plan de prevención un toque de queda nocturno.

Ciudades, estados y países enteros han sido clausurados para evitar la trasmisión del virus que ha demostrado buenos resultados en China aunque no así en Italia. Todavía no se conoce bien lo que funciona o no, pero hay que intentar lo que ha ayudado a algunos. El periodo de dos a tres semanas ha sido definido como el periodo vital de contención a este poderoso virus que se trasmite por las vías respiratorias. El experimento del distanciamiento social extremo establece el tiempo de cierre acorde con lo establecido por los CDC como periodo de incubación.

Nunca antes el mundo, casi en su totalidad, había enfrentado un cierre tan masivo y simultáneo, que no solo impacta la salud global sino todas las esferas de la vida en sociedad y mundial. Sin duda, todo esto eleva la ansiedad individual y colectiva. Personas en todas partes del mundo sienten el peso de la inseguridad y la amenaza independiente de lenguaje, raza, cultura, edad, religión, o cualquier otra variable demográfica de estructura social. Este es un momento crítico mundial que nos iguala. Requiere de reflexión profunda en todo ciudadano para enfrentar su responsabilidad moral consigo y la sociedad local y global. 

En Puerto Rico, todos y todas tenemos que enfrentar en las próximas dos semanas la disrupción de lo que conocemos como rutina o vida cotidiana. Mientras más rápido usted lo entienda y acepte, mejor preparado va a estar. Estamos obligados a realizar cambios de conducta, hábitos y actitudes. No vienen dos semanas de vacaciones sino de guerra contra el virus. Si cortamos las probabilidades de trasmisión, cortamos la extensión y propagación de la pandemia. 

Durante este experimento social la ansiedad puede elevarse a niveles altos que pueden manifestarse de muchas formas. La hiper-sugestión al contagio de enfermedades (a veces llamada hipocondría) puede exacerbarse. Si realmente está enfermo es muy probable que sea un catarro común, o la influenza, y usted lo trabaja contrarrestando los síntomas, como tantas otras veces: en el caso de catarro, en su hogar descansando y aislado; con la influenza, comunicándose con su médico antes de ir a una sala de emergencia hospitalaria. 

El sacrificio que imponen las auto-regulaciones del distanciamiento social no significa aislamiento afectivo, sino entender que tenemos que relacionarnos de forma distinta. Es necesario que no pierda de perspectiva que es una medida temporal. Afortunadamente, el sacrificio y ajuste tiene tiempo de terminación, cuando logremos quitarle fuerza al virus quitándole los caminos de trasmisión. Sin portadores, el virus desaparece. 

La tecnología debe poder ayudar a aliviar la falta de encuentros sociales al menos en la parte de la población que ya está acostumbrada a esta forma de relaciones y contacto. En el tiempo en que no estemos compartiendo socialmente tenemos que buscar en qué ocuparnos para no llegar a sufrir de claustrofobia temporal, ansiedad por aburrimiento o depresiones.

Este es buen momento para adelantar la gran limpieza hogareña que hacemos en las Navidades. Todos en la familia pueden cooperar desinfectando y es el perfecto momento para integrar y explicar la pandemia a los niños. Como en María y en los sismos, es momento de rescatar los juegos de mesa, las conversaciones cara a cara, la preparación de comidas caseras y el disfrute de sentarnos todos juntos a la mesa. 

Es tiempo también de hablar sobre las responsabilidades con la higiene y las formas de ayudar al prójimo. Busque programación radial y televisiva que pueda relajarle balanceando las informativas noticiosas. Pregunte a sus vecinos cómo se encuentran y comparta un poco de lo que tanto se necesita: saber que le importamos a alguien.

Combata la ansiedad haciendo cosas que le ayuden: adapte su entorno con buenos y relajantes sonidos, controle pensamientos pesimistas o faláricos, relájese, respire bien y profundo, limpie su cuerpo pero, sobre todo, su mente de pensamientos tóxicos. Recuerde que el control sobre las emociones negativas es lo que ayuda y determina el éxito de superación. No se preocupe: ocúpese. Hace un mundo de diferencia.

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