Raúl A. Pérez Rivera

Tribuna Invitada

Por Raúl A. Pérez Rivera
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Prevenir la extinción masiva

Días atrás, organizaciones internacionales trajeron a la luz pública el hecho de que si no se toman medidas remediarías, de inmediato, nos dirigimos hacia un periodo de extinción masiva en los próximos 25-50 años.

Los factores precipitantes incluyen el cambio climático, la deforestación masiva y el efecto adverso que ha tenido la introducción de exóticos. Nuestros rotativos reseñaron la noticia y alertaron que Puerto Rico no será la excepción a la regla.

Puerto Rico se ha reforestado y se ha recuperado el hábitat necesario para muchas especies.

Por otro lado, ha aumentado significativamente la presencia de exóticos, particularmente en agua dulce (con una infinidad de peces exóticos y lagos y ríos), y hemos vivido en carne propia el efecto de huracanes de gran magnitud (productos del cambio climático).

No tan solo destruyeron nuestras viviendas y nos dejaron sin electricidad, sino que afectaron muy adversamente a especies como la cotorra de Puerto Rico, la paloma sabanera y el falcón de sierra, entre otros.

Aunque no tenemos zumbadores en la lista de especies en peligro de extinción, estos virtualmente desaparecieron después de María y si nos azotan huracanes tan severos en años consecutivos, no pondría en duda de que algunos pudieran desparecer.

La pregunta es: qué podemos hacer para poner nuestro granito de arena en los esfuerzos para evitar que algunas de nuestras especies desaparezcan.

El Zoológico de Mayagüez debe mudarse a San Juan e involucrarse en programas de propagación de especies en peligro de extinción. Convertirse en un lugar donde la academia pueda también investigar, como el zoológico de la Isla de Jersey o el de San Diego.

La capital es el lugar de mayor turismo, y si se exhiben especies endémicas y se establecen programas de propagación para estos organismos, sería un excelente atractivo tanto para locales como visitantes. De esta manera, el zoológico no tendría que depender de tantos fondos públicos.

Necesitamos concientizar a todos los niveles sobre los problemas que se nos avecinan. Hay que comenzar con nuestros niños y terminar con la población en general.

Ya es imperante que establezcamos un Museo de Historia Natural, libre de los vaivenes políticos, en donde se pueda aprender y valorizar nuestros recursos naturales vivos.

El Museo de Vida Silvestre de San Juan pudo haberse convertido, poco a poco en este tipo de museo. Pero, lamentablemente, no se manejó adecuadamente. Países con menos recursos que nosotros, por ejemplo, Cuba, tienen su museo de historia natural.

Tiene que establecerse un consorcio de conservación con representantes de las agencias estatales y federales responsables de la conservación de nuestros recursos naturales vivos, entidades privadas (ej. ParaLaNaturaleza), el Departamento de Educación y las universidades, para trazar estrategias de conservación a todos los niveles.

No menos importante son la prensa, radio y televisión. Ya es hora de que dejen de darle tanta importancia a la política y a los usuales crímenes de a diario, y le den más importancia a la conservación de flora y fauna.

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