Carmen Zoraida Claudio

Tribuna Invitada

Por Carmen Zoraida Claudio
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Prevenir la violencia escolar es tarea de todos

Durante los pasados días los medios nos han reseñado los eventos de violencia entre estudiantes en una escuela pública Caguas. Conocemos también que en estos pasados días han ocurrido actos violentos en Condado y Plaza Las Américas, además de situaciones de violencia doméstica y familiar. El accidente en la limosina que cobró la vida de cuatro hermanitas se pudo prevenir. Y ni hablar de los tiroteos en escuelas en Estados Unidos.

Mientras meditaba sobre estos eventos recordé la teoría de las ventanas rotas. Esta trata sobre cómo los comportamientos indeseables se contagian si no los atacamos desde sus raíces y la primera vez. Esto lo comprobaron con sus experimentos sociales Zimbardo en 1969 y Wilson y Kelling en 1982. Lo bueno se contagia, pero lo menos bueno también. Como muy bien dice alguien muy querido: “Los monstruos se matan chiquitos”.

¿Y qué impacto tiene esto en nuestro sector educativo? ¡Todo el impacto del mundo! El desarrollo de valores y la seguridad son aspectos que toda escuela, comunidad y sociedad deben atender con máxima prioridad. ¿Para qué enseñar las materias básicas si quien las aprende no tiene una escala de valores sólida para poder desempeñarse como ciudadano útil, responsable y sensible? 

Las escuelas no están exentas de eventos que afectar su seguridad. No hay duda de que los colegios privados tenemos mayor control de la violencia por muchas razones.  Entre estas, mayor control en las admisiones, menos burocracia para poder tomar las decisiones a tiempo, manuales de políticas y normas que se revisan y adaptan continuamente al entorno escolar, etc. Sin embargo, al igual que en el experimento de las ventanas rotas, lo importante es cómo se previenen y atienden los mismos. 

Debemos estar todos alertas ante señales de posible peligro. A continuación algunos aspectos para meditar y tomar acción.

1. Hay que estar bien alertas ya que no hay preocupación pequeña. ¡Ante la duda, saluda! Ahora más que nunca este viejo refrán tiene vigencia. Esto es, en toda escuela la vigilancia es fundamental. En ningún momento podemos dejar grupos desatendidos, sin estar a cargo de un adulto autorizado. Esto no es perseguir, es prevenir. Comportamientos inusuales son indicio de un posible problema que se debe atacar de raíz o hasta antes de que “se siembre”. 

2. ¡Cuidado con el vocabulario porque así, como las palabras pueden construir, también pueden destruir! Esta nueva generación ha desarrollado un vocabulario extenso en el que podemos escuchar palabras que hubiesen conllevado como mínimo un tapabocas en mi generación. Sin embargo, estas les surgen a flor de piel ya que hasta las canciones de moda las incorporan. De nuevo, no podemos llegar a tener muchas ventanas rotas por no haber reparado la primera desde el principio. Nos corresponde, como escuela, prohibirlas y tener en nuestros manuales sanciones para su uso y aplicarlos. El vocabulario que se viene a aprender y aplicar en nuestras escuelas es otro. Ataquemos el problema… desde su raíz. 

3. Conversaciones peligrosas. Ninguna conversación peligrosa es graciosa. Si escuchamos algo indebido, desde ese momento lo debemos atacar. Comentarios desagradables, despectivos sobre otros e hirientes no pueden ser permitidos y merecen la mayor censura y sanción. ¡La cuarta enmienda no aplica a la sala de clases! Un estudiante no debe esperar en una escuela  la privacidad que pudiera tener afuera. La seguridad es mucho más importante que esa privacidad. Debemos todos tener los ojos y oídos alerta y manejar lo que pueda preocupar… de raíz. 

4. La responsabilidad del maestro va más allá de su sala de clases. Cada maestro no es solamente responsable de su grupo sino de todo estudiante que rompa las normas de sana convivencia. Más aún, todos en la comunidad escolar tienen la responsabilidad de educar.

5. La discusión de la violencia y sus consecuencias es materia curricular. Volvemos a lo dicho: la escuela no existe solo para enseñar materias. Ser maestro es mucho más. Es desarrollar valores, consciencia social y ciudadana, prevención de abuso y violencia, entre muchas otras responsabilidades que no se encuentran necesariamente en un libro de texto.   La prevención, resolución de conflicto y el manejo del coraje son materia de discusión en todas las clases. ¡Si la prevención tuviera aroma, todos deberían ser capaces de percibir su olor!

6. Los padres son partícipes activos en la educación de sus hijos sobre la prevención. ¿Será saludable que un padre enseñe a su hijo a beber o fumar porque “para que lo haga con otro que lo haga conmigo?” Los padres se deben educar sobre los peligros a los que se enfrenta la generación de sus hijos. Recordemos que para iniciarse en una adicción o un acto de violencia, solo es suficiente una primera vez. Es esta primera vez la que debemos evitar. 

7. La escuela debe hacer aún más porque este mundo actual es muy diferente. Las normas se deben establecer y hacer cumplir. La seguridad en las escuelas es una necesidad. Un estudiante no puede escaparse de una escuela cruzando una verja o el espacio restringido. Si lo hace es porque hubo algo  desatendido. Un estudiante no puede traer a la escuela otra cosa que no sea lo necesario e indicado para aprender. Un estudiante no puede llegar tarde o no llegar sin justificación de sus padres. Un estudiante en nuestras escuelas es un menor bajo nuestra custodia y responsabilidad.

Vamos todos a atacar el problema de raíz y cosechar los ciudadanos que necesitamos. Es así como únicamente podremos... echar pa’lante.

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