María del Mar Román

Tribuna Invitada

Por María del Mar Román
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Prioridad al desarrollo infantil y juvenil

Puerto Rico no está exento del problema global de la pobreza. Esta se vive en muchos rincones de nuestra isla, pero se observa mayormente en pueblos de la montaña como Adjuntas, Maricao, Barranquitas, Comerío, donde también batallan con altos niveles de desempleo.  

Seis de  los diez pueblos más pobres de Puerto Rico están en la montaña. Un informe reciente del Instituto de Desarrollo de la Juventud (IDJ) revela que hay cinco pueblos donde la gran mayoría de los niños son pobres. En Barranquitas, Ciales, Maricao y Patillas el índice de pobreza infantil es de 73%, y en Guánica de  74%.

 Datos presentados por el Kids Count Data Book, de la fundación de Annie E. Casey, revelan que 700,000 niños puertorriqueños viven en zonas de alta pobreza y más de la mitad de sus padres no tienen empleo seguro. Para septiembre del año anterior, ese informe reveló que alrededor de 475,000 niños y jovenes vivían en  pobreza.

El director del Centro de Información Censal, José Caraballo Cueto, menciona que la población infantil es la más vulnerable cuando se segrega la pobreza por edad. Hablamos de niños y adolescentes con pobre alimentación, educación deficiente y escasos recursos, que viven en contextos marginados con herramientas de desarrollo muy limitadas.  Esta carencia de oportunidades reduce significativamente la posiblidad de mejorar sus condiciones  en el mundo que les rodea.

 Muchas organizaciones claman por que se priorice el desarrollo infantil y juvenil de nuestro país. Desde esta perspectiva, las propuestas de desarrollo socioeconómico deben contemplar como prioridad esos municipios donde, de cada diez niños, siete u ocho viven en pobreza. 

Por ejemplo, se deben crear o reforzar programas  para madres embarazadas con escasos recursos, programas de intervención temprana en la niñez, servicios de apoyo a madres y padres adolescentes, proyectos de educación alternativa, programas en educación en salud y nutrición. 

Nuestros niños y jóvenes merecen vivir en ambientes saludables, seguros y propicios para lograr su máximo potencial. Merecen un país con rumbo, y posibilidades significativas de éxito.

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