Ada Álvarez Conde

Tribuna Invitada

Por Ada Álvarez Conde
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Prioridad para los menores puertorriqueños

El trágico fenómeno del maltrato infantil sigue una espiral ascendente en Puerto Rico, donde el Departamento de la Familia confirma haber recibido 16,000 referidos en el 2017, cifra que representa hasta mil reportes por encima de los ocurridos en el 2016. Lo que es peor, hoy los niños y jóvenes puertorriqueños no sólo enfrentan violencia sino pobreza extrema.

En Puerto Rico, 422,000 menores viven con padres que no tienen un empleo a tiempo completo que les permita seguridad económica. La mayoría de los menores, un 84%, vive en zonas de alta pobreza. Estos y otros 12 indicadores son los datos presentados en el Kids Count Data Book del 2017 de la Fundación Annie E. Casey, que es liderado en Puerto Rico por el Instituto del Desarrollo de la Juventud.

Según la citada fuente, el 58% de los menores vive en pobreza, en comparación con un 21% de pobreza en la niñez de los estados. Los datos reflejan que el porcentaje de jóvenes viviendo en zonas de alta pobreza es seis veces mayor que en los Estados Unidos, donde esta semana hemos visto imágenes de niños encarcelados y tratados como criminales ante un creciente discurso de intolerancia.

Llevo 12 años orientando a jóvenes en las escuelas para combatir la violencia en el noviazgo. En muchas de esas dinámicas de interacción con estudiantes, las confesiones sobre violencia en relaciones de parejas siempre llegan. En un caso hubo incluso un testimonio de violencia sexual. Por alguna razón, en las charlas algunos jóvenes se expresan abiertamente sobre sus situaciones y suelo referirlo a los sicólogos y a las autoridades correspondientes. Sin embargo, he palpado que la situación en el país se ha tornado peor desde 2011 y estas estadísticas lo confirman.

Ante estas situaciones, nos preguntamos, ¿dónde está la paz? En Puerto Rico, con la Ley 7 eliminaron muchos puestos de sicólogos escolares y trabajadores sociales. He llegado a dar charlas en escuelas de 800 estudiantes con un sólo recurso. Desde el huracán María los niños también sufrieron la pérdida. Perdieron su rutina, su entretenimiento. Siguen cerrando escuelas y no hay quién garantice ayuda para enfrentar la pérdida; que mal manejada lleva al enojo y cae en violencia. A eso, súmele los 11,000 casos aproximadamente de violencia doméstica al año.

Puerto Rico está creciendo con hogares rotos. Mientras se aprueben leyes de austeridad están atentando contra las familias. Hay menos recursos en el Departamento de la Familia, pero no los veo denunciando esta crisis a viva voz. Igualmente ocurre en la Policía, en las escuelas.

¿Quién tiene a los niños y jóvenes en su radar? Lejos de estar dando contratos onerosos, el gobierno tiene que hacer algo. Cada vez más hay corazones rotos, niños a los que le violan sus derechos, a los que le arrebatan todo y que, luego, se encargarán de seguir el ciclo de la violencia, si no se hace algo.

Reflexionemos sobre la imagen real que veo en Hato Rey todos los días, la sede del Departamento de Educación junto a la del Departamento de Corrección. Reflexionemos, la paz debe estar en la agenda principal del país. Los niños y jóvenes tienen que ser la prioridad.

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