Ana Teresa Toro

Punto de vista

Por Ana Teresa Toro
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Probablemente eres racista

La pregunta no es si existe o no racismo en Puerto Rico, esto ya está adjudicado aquí y en cualquier parte. La pregunta es de qué manera se manifiesta y lo experimentan las personas negras en nuestro país. O lo que es lo mismo, ¿de qué manera se vive el discrimen racial en Puerto Rico? 

Es agotador escuchar debate tras debate en torno al tema y tener que partir de una premisa tan evidente puesta en duda. Entiendo que haya que hacerlo, la negación es un arma social muy poderosa. Pero hay racismo en Puerto Rico, no solo por las incontables experiencias cotidianas que se documentan a diario, sino porque existe una institución que lo sostiene en todas las capas de la sociedad. Y verdaderamente, habiendo vivido Puerto Rico —como tantos otros países— la cruel experiencia de la esclavitud y la opresión durante siglos a las personas negras, preguntarse si hay racismo o no raya en lo ofensivo. Claro que hay racismo y con toda probabilidad usted y mucha de la gente que más quiere, es racista y es tiempo de admitirlo aunque duela. 

Tener amigos negros, tener familiares negros —y cualquiera de los razonamientos vinculados a los afectos que pueda presentar— no tiene nada que ver con esa realidad. Se es racista porque la sociedad es racista y demasiadas veces en la vida, es imposible reconocer las aguas en las que estamos nadando. Que usted no se sienta racista no significa que no se beneficie de una institución social que echa a un lado a personas de piel más oscura que usted. Que usted no “vea” el racismo en su día a día no significa que no se manifieste a su alrededor a diario. Por lo general, quien no ve una opresión es porque no es el oprimido y es justo enfatizar en que la experiencia individual no es un barómetro justo para juzgar una cuestión que es enteramente colectiva. 

¿Qué significa esto? Pues que aunque le duela profundamente, le cause incomodidad, vergüenza, malestar o cualquier otra emoción, en usted, en su familia, en sus círculos sociales y en su entorno personal y profesional hay racismo porque la sociedad es racista. Y es importante entender de una vez que esta realidad trasciende lo que usted sienta en su corazón. Lo que puedas sentir o los valores que cultives como ser humano no cancelan la institución social en la que te criaste. Hay racismo en ti, aunque te cueste verlo, porque la estructura social así lo ha diseñado. El ejercicio no es cuestionar si existe el racismo, el trabajo es cuestionarnos cuánto le toca a cada uno desaprender. Reconocer esto es un paso fundamental para trabajar y arrancar las raíces del racismo tan enterradas en todas nuestras instituciones sociales. 

Es urgente mover la conversación en esa dirección, porque basta ya de echarle la carga de educar, trabajar y presentar propuestas para luchar contra el discrimen racial únicamente a las personas negras. Es injusto sufrir la opresión y además tener la responsabilidad absoluta de erradicarla. Claro que hay que escuchar a las personas negras, reconocer su experiencia y hacerlo atentamente, pero el racismo es un problema que compete a todo el mundo porque impacta a todo el mundo. Unos lo sufren y otros, con sus silencios, omisiones o discrimen abierto, lo perpetúan. No basta la solidaridad, es tiempo de acción concreta. 

El racismo no es un problema de las personas visiblemente negras y al que a las personas blancas o de tonos de piel más claros, les corresponde reaccionar expresando empatía. La empatía es insuficiente. El racismo es un asunto social que atraviesa todas nuestras interacciones sociales y es responsabilidad de quienes no lo padecemos de manera directa —como sucede con las personas visiblemente negras— asumir que es un problema que nos corresponde atender. 

Y ya que estamos, caramba, un diccionario vendría bien. Que hayas sido discriminado por ser latino en los Estados Unidos, por hablar español, por venir de una comunidad pobre o por cualquier otra forma de discrimen no te convierte en una víctima de racismo. Existen la xenofobia, la homofobia y una larga lista de manifestaciones del discrimen que no son equiparables a una institución que se cuajó por siglos en más países del mundo de los que somos capaces de nombrar. A su vez, que no te sientas blanca o “blanquita” no quiere decir que atravieses el mundo de la misma manera que una persona visiblemente negra. No siempre lo que sientes es cónsono con la realidad. Por eso, aunque no te sientas racista, probablemente haya algo en ti o en tu entorno que lo sea. Si no sabes qué hacer en medio del desarrollo de esta conversación global, podrías empezar por ahí, mirando a tu alrededor, mirándote al espejo. 

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