Silverio Pérez

Tribuna Invitada

Por Silverio Pérez
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Prohibido pensar

Tengo la sospecha de que pensar inteligentemente se está convirtiendo, cada día mas, en un acto subversivo en nuestro país. No sé si eso es debido a que ya esa es una realidad en la nación a la que, por un acto de agresión en 1898, pertenecemos. Dice la Real Academia Española de la lengua que pensar es “examinar mentalmente algo con atención para formar un juicio”. Si así fuera, hace tiempo que en Puerto Rico los electores tomarían decisiones muy diferentes a las predecibles luego de examinar con atención el creciente estado de deterioro económico y social en el que se encuentra el país. Si a ese mero acto de pensar le añadiéramos el adverbio “críticamente”, lo cual requiere un mayor grado de rigurosidad en el examen, nos daríamos cuenta de por qué las instituciones que ayudan a desarrollar ese pensamiento crítico están bajo asedio en nuestra isla.

Se supone que el sistema educativo de un país tenga la misión de desarrollar en los ciudadanos la capacidad de pensar de forma inteligente sobre los diversos aspectos de la actividad humana para que aporten al desarrollo y crecimiento de esa especie. En nuestro país esa misión ha fracasado estrepitosamente y el sistema educativo, que maneja un presupuesto mayor al de varias repúblicas vecinas, se ha convertido en campo de batalla del neoliberalismo donde diversos intereses económicos se pelean ese presupuesto, no para educar nuestros niños, sino para engrosar sus cuentas de banco. El resultado es que cada día el nivel de pensamiento crítico de nuestra población es menor, convirtiéndose así en presa fácil del miedo, el fanatismo, la manipulación de la propaganda política y de la superficialidad del contenido de la mayoría de los medios de comunicación.

Preocupados por ese embate de las fuerzas del poder económico y político unos buenos puertorriqueños en las décadas del cuarenta y cincuenta crearon instituciones que compensaran lo que era obvio que sucedería debido a la ruta de industrialización sin frenos que el país estaba tomando. La Universidad de Puerto Rico, el Instituto de Cultura Puertorriqueña, las estaciones WIPR de radio y televisión, el cambio de nombre de Departamento de Instrucción a Departamento de Educación -porque hay una gran diferencia entre instruir y educar- y la DIVEDCO son ejemplo de tantas iniciativas que se tomaron para cultivar ese pensamiento crítico tan necesario para el desarrollo humano. Precisamente son algunas de esas instituciones las que la presente administración ha puesto sobre la mesa en un trágico mercado de pulgas.

Soy producto de todas esas instituciones bajo asedio. Me eduqué en la escuela pública del barrio Mamey de Guaynabo, hoy cerrada; vi por primera vez cine llevado a mi barrio por la DIVEDCO; soy producto de la Universidad de Puerto Rico, hoy sentenciada con un presupuesto recortado; aprendí de mi cultura gracias a los diversos programas del Instituto de Cultura; he producidoprogramas de calidad en WIPR, hoy deteriorada y en venta; y recientemente he comenzado cursos del Doctorado en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Esta institución que ocupa el espacio del Seminario Conciliar San Ildefonso, que don Ricardo Alegría restauró de la ruina, única universidad dedicada a estudios post graduados en historia y literatura caribeña, cuya biblioteca es la única pública en el viejo San Juan, y que además contiene miles de libros y cientos de tesis doctorales y de maestría de lo mejor de nuestra intelectualidad, la Arquidiócesis de San Juan la ha puesto en venta para convertir su sagrado reciento en un hotel boutique en manos de algún magnate de los que se benefician de las leyes que les permiten desarrollar su actividad de lucro sin aportar lo justo al país.

Los que nos preciamos de pensar críticamente, aunque seamos declarados subversivos, tenemos que seguir intentando con nuestro arte, con lo que escribimos, con lo que a diario hacemos, fomentar el análisis, combatir el fanatismo y la ignorancia. Si no resistimos, lo que nos espera es la brutocracia que ya se vive en los Estados Unidos.

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