Neisha Torres

Punto de Vista

Por Neisha Torres
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Propaganda no es relaciones públicas

La propaganda es el brazo ejecutivo de un gobierno invisible. 

La manipulación consciente de los hábitos y las opiniones de las masas es un elemento en una sociedad democrática. Los que manipulan este mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible, que es el verdadero poder gobernante de un país.

A medida que la civilización se ha vuelto más compleja y el gobierno invisible se ha demostrado cada vez más, surgen técnicas por las cuales se puede regular la opinión pública.

Algunos de esos fenómenos de este proceso, y que son sumamente criticados, son la manipulación de las noticias, la vanidad de la personalidad y el alboroto general por el cual, en este caso, los políticos son llevados a la conciencia de las masas. Los instrumentos por los cuales la opinión pública se organiza y enfoca pueden ser mal utilizados. 

La palabra propaganda conlleva para muchos una connotación desagradable. Sin embargo, si la propaganda es buena o mala solo dependerá del mérito de la causa solicitada y de la exactitud de la información publicada. Es una forma perfectamente legítima de actividad humana en cualquier sociedad, ya sea social, religiosa o política, que posee ciertas creencias. El que se propone darlas a conocer, ya sea hablado o por escrito, automáticamente está practicando la propaganda y, por consiguiente, se convierte en un propagandista. 

Pero la propaganda se vuelve cruel y repugnante solo cuando sus autores difunden, consciente y deliberadamente, lo que saben que son mentiras o cuando apuntan a efectos que saben que son perjudiciales para el bien común y el de una sociedad.

Aun así, muchas personas creen que un relacionista profesional es un propagandista y punto. Y que esa es la única verdad.  

Y lo correcto es aclarar que esa premisa es totalmente falsa e incorrecta. 

El trabajo de un asesor de relaciones públicas debe ser continuo para que sea efectivo. En muchas instancias, mediante un constante y cuidadoso proceso de investigación de información, exhaustivo y honesto, el público comprenderá y apreciará el valor de lo que pudiera estar haciendo un comerciante, educador o un gobernador. Y eso se obtiene mediante la labor de un relacionista capacitado. 

Debe mantener un monitoreo constante de los medios de comunicación, porque la información falsa, de fuentes desconocidas, puede traer resultados catastróficos que afecten a diversos públicos. Un solo falso rumor, en un momento crítico, posiciona al asesor en relaciones públicas en condiciones para lidiar efectivamente con esas sospechas, intentando detenerlas en su origen, contrarrestarlas rápidamente con información correcta a través de los canales que serán más efectivos y que, sobre todas las cosas, se mantenga el respeto y la confianza entre todas las partes involucradas.   

A diferencia de los propagandistas, la profesión en Puerto Rico es una reglamentada y se rige por un código de ética profesional, que se compara favorablemente con el de profesionales en la industria de la abogacía o la medicina. Bien reconoce, al igual que lo hace el abogado, que todos tienen el derecho de presentar su caso de la mejor manera posible, y de rechazar a un cliente que cree que es deshonesto, un producto que cree que es fraudulento o una causa que cree ser antisocial. 

El relacionista, siempre y cuando cuente con una preparación académica adecuada, será sincero en sus tratos y se repetirá constantemente que su negocio jamás sería engañar ni mentir al público. Si tuviera tal reputación, su profesión se acabaría. Cuando envía material de propaganda, está claramente etiquetado como ese tipo de fuente. Y, a final de cuentas, el editor sabe de quién viene y cuál es su propósito, y lo acepta o lo rechaza en cuanto se merece como noticia.

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