Samuel Torres Cortés

Tribuna Invitada

Por Samuel Torres Cortés
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Propuesta modesta para el futuro de Puerto Rico

Ante nuestras circunstancias actuales, causadas por una depresión económica que excede los 10 años de duración, la quiebra de nuestro gobierno, incluyendo corporaciones públicas cuyas funciones son muy importantes para nuestras vidas, el efecto devastador del huracán María y ahora la reforma contributiva federal, no puede haber duda alguna de que tenemos que organizarnos como pueblo y diseñar y formular un plan o un conjunto de acciones y políticas que nos dirijan hacia nuestra recuperación económica y social, superando con empeño males sociales que nos aquejan como la corrupción, ya endémica, y la codicia que se manifiesta en el consumismo desmedido.

La solución a nuestra situación catastrófica tiene que buscarse y formularse con la participación de todos los ciudadanos capaces que pertenecen a todas las tendencias de nuestro espectro político y social. Esta debe ser el fruto de la superación del tribalismo y el sectarismo que padecemos y que tanto nos divide y separa. Se puede implementar utilizando un mecanismo como la asamblea constituyente o una comisión compuesta por representantes de todos los sectores. Ambos mecanismos deberán tener a su disposición el apoyo imprescindible de nuestros expertos en las distintas áreas que componen las soluciones que se diseñen y propongan, recalcando la importancia de que su formulación sea explicada de la manera más sencilla y clara posible para que todos las entendamos.

Muchas voces han criticado a las organizaciones independentistas por su silencio ante la crisis y la falta de propuestas concretas de remedios a ésta, explicadas de manera sencilla y clara para que las puedan entender la mayoría de nuestros compatriotas. Se recalca la necesidad de formular dichas propuestas con humildad y respeto, abandonando los estilos arrogantes y prepotentes que tanto irritan a muchos.

Existe la preocupación fundada en muchos de nosotros de que tales mecanismos organizativos fracasarán en la medida de que un grupo o tendencia los domine o se forme un revolú irracional, donde todos hablan a la vez, sin que nadie escuche. Nuestra condición de colonizados de larga duración nos impide o dificulta que superemos nuestras diferencias en pro de la consecución de una solución que nos beneficie a todos. Donde más se manifiestan esas diferencias es en el “asunto del status”. Todos creemos que si se sientan en una mesa estadistas, autonomistas soberanistas, autonomistas satisfechos, e independistas variados, será imposible que se acuerde algo que valga la pena.

Por ello, propongo modestamente una solución para intentar superar esas diferencias ideológicas “insalvables”. Esta consiste en dirigir exclusivamente la deliberación de la asamblea de delegados o de los miembros del comité a la formulación de las medidas y soluciones que se propongan para reiniciar nuestro desarrollo económico y social, sin encuadrarlas y relacionarlas con las alternativas del status que las contendrían.

Por ejemplo, no creo que sea difícil para un grupo diverso de puertorriqueños acordar que necesitamos reformular nuestro gobierno y nuestra relación con Estados Unidos, incluyendo una negociación franca con éste que nos permita implementar programas y medidas que produzcan riqueza para nuestra economía y con ello empleos y desarrollo para todos. Tampoco creo que sea muy difícil negociar con la metrópoli colonizadora que, en vez de “concedernos” ayudas o participaciones en programas diseñados para sus necesitados, nos transfiera recursos suficientes durante un periodo de tiempo transicional para nosotros utilizarlos en nuestro desarrollo económico. También podríamos acordar que podamos participar en el comercio internacional y en la concertación de tratados con otras naciones, además de abolirse leyes federales tan perjudiciales como la de cabotaje. En la actualidad, hay estados de la unión federada que participan en el comercio internacional con mayor libertad que Puerto Rico, autorizados y tolerados por el gobierno federal.

Una vez que diseñemos nuestro programa de recuperación económica, que la mayoría estemos de acuerdo con su conveniencia y utilidad y hayamos negociado con Estados Unidos las nuevas características de nuestra relación en función de dicho programa, se resolverá el asunto del status como consecuencia del plan pues solo serán viables aquellas alternativas que permitan su implementación. Sobre ellas, deliberaremos y decidiremos; reconociendo siempre la importancia vital de la formulación del plan, la negociación con el poder colonizador y su implementación correcta y eficiente. Lo demás es ideología espuria, divisiva e inconsecuente, que no tiene utilidad alguna para conjurar la crisis que nos agobia. Así comenzaremos a descolonizarnos y a asumir, al fin, las riendas de nuestras vidas y de nuestro destino.

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