Luis N. Rivera Pagán

Tribuna Invitada

Por Luis N. Rivera Pagán
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Protestantismo y ecumenismo

Nota de la editora: Esta columna fue redactada en colaboración por Jorge José Ferrer y Luis N. Rivera Pagán.

El 31 de octubre de este año se celebraron los 500 años del inicio de la Reforma Protestante. Debido a la devastación que María ha traído a nuestra tierra, la efeméride ha pasado desapercibida para muchos. La Reforma no interesa solamente a los cristianos protestantes. Es un acontecimiento que ha tenido profundas consecuencias en el desarrollo posterior de la historia de Occidente.

Nos interesa destacar el cariz ecuménico que ha tenido la celebración de este quinto centenario. El 31 de octubre de 2016, el Papa Francisco participó en una celebración ecuménica en Lund (Suecia), marcando un hito en las relaciones entre las comunidades nacidas de la Reforma y la Iglesia de Roma.

Durante las pasadas décadas hemos conseguido notables avances en el diálogo y la colaboración ecuménica. Hoy los cristianos de distintas tradiciones nos miramos, cada vez más, como hermanos.

Uno de los firmantes de este artículo, teólogo protestante, compartió, el 31 de octubre de este año con un obispo católico y un obispo luterano la reflexión homilética en una celebración del quinto centenario de la Reforma en la catedral metropolitana de Ciudad Guatemala, algo impensable pocos años atrás. Las guerras de religión y las mutuas descalificaciones van quedando atrás, confesadas como parte de nuestro pecado común.

Podemos distinguir distintas formas de ecumenismo: el ecumenismo de la confesión, de la sangre y de la caridad. El primero se basa en la búsqueda de entendimientos teológicos, destacando que lo que nos une tiene más peso que lo que nos separa: el mismo Cristo, idénticas Escrituras del Nuevo Testamento y un único bautismo.

El ecumenismo de la sangre se da en los lugares en que los cristianos sufren persecución por su fe. Los perseguidores no distinguen entre católicos, protestantes u ortodoxos. Reconocen, mejor que nosotros, que somos ramas de un único tronco. El ecumenismo de la caridad se da cuando distintas confesiones cristianas colaboran para la promoción de los derechos humanos, la justicia social y la solidaridad con los necesitados e indigentes.

En Puerto Rico hemos visto importantes iniciativas sociales compartidas por el liderato de las distintas confesiones. La desolación a raíz de María nos brinda una nueva oportunidad para fomentar el ecumenismo de la caridad, en el ministerio del consuelo y en el trabajo por un mañana de mayor justicia e igualdad. Además, sanando las divisiones y promoviendo la fraternidad entre nosotros, contribuiremos a la superación de los tribalismos que malean la convivencia social en nuestra patria.

Esperamos que el quinto centenario de la Reforma no pase desapercibido ni para el liderato ni para los fieles de nuestras iglesias. También es hora de que los teólogos de las diversas tradiciones nos empeñemos en un trabajo de reflexión conjunta, en genuino diálogo ecuménico, para juntos responder a los retos que nos apremiancomo puertorriqueños y como cristianos.

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