Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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Proyecto de país y raíces constitucionales

Todo país atraviesa crisis en su historia. Pero la actual crisis que rodea Puerto Rico es particularmente peligrosa. Está en riesgo la existencia misma del país: la población envejece, los jóvenes se matan entre sí o emigran, la economía sigue estancada, el Gobierno está en quiebra, la clase política, desprestigiada. Muchas personas dicen, con razón, “el país se cae en cantos”.

Hay crisis que fortalecen a los pueblos; hay otras que los destruyen. La diferencia estriba en si se cuenta con un proyecto de país que eleve la calidad de vida de la gente, fortalezca su estructura básica y ponga a funcionar nuevamente la sociedad.

En 1951, un grupo de puertorriqueños y una puertorriqueña se reunieron para reconstruir el país en una Convención Constituyente. Su resultado aún está vigente hoy. No me refiero al Estado Libre Asociado. Me refiero a los derechos y a las políticas sociales, económicas y democráticas que permean todo nuestro andamiaje constitucional. Ese año, 32 abogados, 13 agricultores, 9 dirigentes obreros, 6 maestros, entre otros, quienes eran autonomistas, anexionistas, populares y socialistas, optaron por construir una sociedad nueva que dejara atrás la pobreza, la miseria y la desesperanza. Si bien el independentismo fue el gran ausente en ese proyecto, éste también ha defendido los derechos y postulados de nuestra Carta de Derechos.

Tal vez el proyecto de país que buscamos y que los partidos dominantes han sido incapaces de formular yace, en parte, en esa carta que nuestro pueblo produjo hace seis décadas. Énfasis en la dignidad del ser humano, ya sea el estudiante de educación especial o la maestra que trabajó duro por su retiro. Prohibición absoluta del discrimen, ya sea del que tiene una orientación sexual distinta o del que vive en un residencial público. Derechos laborales individuales y colectivos que permitan fomentar la producción económica y una mejor distribución de la riqueza producida por todos. Respeto a la vida mediante la prohibición de la pena de muerte. Protección rigurosa a los recursos naturales para el beneficio del pueblo. Derecho a la educación como eje central del futuro del país. Protecciones contra el abuso policiaco y la intromisión indebida en nuestra intimidad.

Se trata, pues, de un proyecto de país basado en la democracia, la justicia, la solidaridad y la sustentablidad. Todos deben releer la Carta de Derechos para poder reafirmar los valores que la crearon. Sólo un pueblo armado con su propia historia e ideales fundamentales de justicia e igualdad, podrá salir de la crisis que lo agobia.

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