Eudaldo Báez Galib

Punto de vista

Por Eudaldo Báez Galib
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Prudencia: la salida de Rosselló no es de ejecución inmediata

Conozco las tensiones institucionales cuando un gobernador está en entredicho. Lo viví. Es cuando la política puede más que la razón, lo que invita a que las decisiones no sean manejadas para el bien común, 

Cuando hace años un gobernador fue acusado judicialmente, viví una de las experiencias más amargas y tensas. 

A diferencia de hoy, cuando casi todo el liderato político del país exige la renuncia del gobernador Ricardo Rosselló, hice ese planteamiento, sin compañía, al entonces gobernador. No puedo describir mis emociones—el peligro de afectar a una buena persona y obrar contrario a mi propio partido. Pero era mi obligación. 

Así que hoy, cuando escribo, lo hago con conocimiento de causa y vivencia. 

¡Prudencia y control! Tenemos un país indignado solicitando, al unísono, remedios. Pero a la vez gravitan tantos problemas serios que decisiones impensadas, pensadas emocionalmente u oportunistamente, pueden agravar esos problemas. Y evitar, como ocurre, que el vital asunto de la corruptela pase a segundo plano.

Las circunstancias del gobernador Rosselló son diferentes a la del evento anterior. Entonces el gobernador procesado contaba con al apoyo absoluto del liderato de su partido y logró consolidar su base, por lo que no estaba forzado a considerar la renuncia. El gobernador Rosselló no.

Sin embargo, aterra la alternativa de someterlo a juicio de residenciamiento. Es juicio “político” donde los procesos y las decisiones dependen de factores ajenos a la “justicia”. Además, es doloroso admitir que nuestra clase política no está en condiciones para procesar un juicio de esa índole. Me temo será un evento de gradas.

Con el agravante de que en algún momento se exigirá la intervención del Tribunal Supremo en controversias sobre la constitucionalidad del proceso y acaba de aumentarse el número de jueces para que el Partido Nuevo Progresista, que ha de dirigir el residenciamiento, tuviera mayoría. Podría haber un serio problema de credibilidad.

Creo que el gobernador debe considerar el daño a sí, la familia y legado que su permanencia puede ocasionar. No le es dable gobernar sin la cooperación de su partido y liderato. Debe comprender, también, el grave daño al país si es residenciado en un proceso cuestionable.

Pero, de otra parte, internalice el país que este no es un asunto de ejecución inmediata. De renunciar ahora, sería la secretaria de Justicia la gobernadora al no haber secretario de Estado. Y con todas las virtudes personales y profesionales, no tiene ella la formación para navegar las revueltas aguas políticas de una gobernación huracanada en choque catastrófico con el gobierno federal. 

Así que la realidad exige, ¡tiempo, prudencia y paciencia!

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