Astrid Díaz

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Por Astrid Díaz
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Pueblo y terremoto

Por años hemos liderado campañas educativas para orientar al pueblo sobre cómo preparar sus casas para un terremoto. Hemos enfatizado que el verdadero desastre natural se vive “después de”, cuando los segundos que dura un sismo pasan, pero la huella de sobrevivirlo perdura. Y eso es lo que estamos viviendo hoy ante tantos temblores, averías y colapsos. Nadie quiere regresar a su casa o entrar a un refugio debido al sentimiento de inseguridad. Tienen miedo. Prefieren pernoctar en la calle.

Estuve el Día de Reyes en Guánica durante el recorrido de la gobernadora Wanda Vázquez. Vi el desplome de algunas casas de construcción informal, y sentí el crujir continuo de la tierra.

Regresé a San Juan preocupada y triste por la ansiedad que permeaba. Me acosté preparando consejos de casa segura y me desperté ante un nuevo escenario para nuestro pueblo, la sobrevivencia a un fuerte terremoto que nos sobrecogió.

La intranquilidad y el temor que permean es una reacción natural. El sufrimiento de ver nuestra casa destruida es devastador. Los arquitectos desarrollamos gran sensibilidad para entrar al corazón de cada familia brindándoles la mejor casa para su vida familiar, garantizando su protección y seguridad.

Hoy tenemos un escenario de reconstrucción resiliente complejo: dos desastres naturales, el huracán María y el terremoto, con un denominador común en la construcción improvisada que pone en riesgo la vida.

El principal reto es que la tía Manuela, esa figura que representa al pueblo, entienda que la reconstrucción que se guía por los códigos establecidos no cuesta más. Al contrario, protege lo invaluable: su hogar y familia.

Nuestro pueblo tiene derecho a vivir en casas y edificios seguros. Nuestros niños y familias deben dormir tranquilos, estar en las escuelas y trabajos con seguridad. Esto se logra si superamos la construcción improvisada, con planificación coherente y diseñando según los reglamentos. El pueblo puede ser partícipe de la reconstrucción si le brindamos educación en torno a una fuerte cultura de emergencias. Solo así lograremos lo más importante: la paz que te brinda tu casa segura.

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