Miguel A. Riestra

Tribuna Invitada

Por Miguel A. Riestra
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Puerto Rico: autopsia y resurrección

El caso de Puerto Rico es una clara historia de una muerte anunciada. Su principal causa la constituyó el exagerado gasto público subvencionado por préstamos provenientes a borbotones, principalmente de corporaciones buitres.

Una cantidad significativa de esos fondos fueron objeto de corrupción y malversación. Otros fondos fueron utilizados para desarrollar proyectos majestuosos como el Tren Urbano, el Coliseo y el Centro de Convenciones. Hubo proyectos que nunca fueron terminados como lo fue el gaseoducto del sur. Ahora tenemos que pagarlo todo y no tenemos fondos.

En el aspecto político, la Corte Suprema de Estados Unidos reiteró nuestra situación colonial, estableciendo el poder del Congreso sobre “el territorio no incorporado que pertenece, pero no es parte de los Estados Unidos”. Luego, el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Control Fiscal (Promesa) sobre Puerto Rico, aniquilando el poco poder del angustiado Estado Libre Asociado y su gobernador. Esta legislación fue firmada por el presidente, supuestamente liberal, Barack Hussein Obama.

En otras palabras, el poder judicial, el legislativo y el ejecutivo nos declaran abiertamente una colonia clásica. Se desmitificó el ELA y sus defensores quedaron enajenados y, en palabras sencillas, locos de atar.

Para complementar la eliminación de la Ley 936, el Congreso crea una revisión de la ley de Impuesto Federal, mediante la cual nos quitan los pocos beneficios de la colonia y nos aplican los impuestos a los productos producidos en naciones foráneas y trasladados a Estados Unidos. Ahora somos una nación extranjera. Para enterrarnos aún más, la naturaleza nos envió a los huracanes Irma y María, ambas categoría máxima. María nos partió por el medio y la ayuda federal ha sido más lenta que una caravana de cojos o, mejor dicho, que un purgante de brea.

A pesar de todo esto, en la tragedia surgió lo mejor de nosotros. Surgió nuestra bondad y solidaridad mutua. En medio del caos surgió nuestra calidad humana y nuestra fortaleza como pueblo. Los chinos dicen que a veces es necesario tener una crisis para que aflore la oportunidad. Esta ha sido nuestra oportunidad para demostrar que este pueblo resucitará y surgirá un nuevo país donde aflore lo mejor de nuestra gente. Este es el inicio de nuestro “Renacer Boricua”. ¿Por qué no utilizar este nombre “Renacer Boricua” para formar un nuevo movimiento social y político que eleve lo mejor de nosotros al poder? Soy el primer voluntario.

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