Enrique J. Vercher García

Tribuna Invitada

Por Enrique J. Vercher García
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Puerto Rico debe regresar con España

(Esta es una carta abierta a los puertorriqueños suscrita por Enrique J. Vercher García, profesor de la Universidad de Granada y doctor en Filología Eslava, Ciencias de la Traducción y Filología Hispánica).

Desde hace algunos años se están desarrollando con gran entusiasmo varios movimientos de puertorriqueños que desean la reunificación de Puerto Rico con España. Estos grupos se organizan en numerosas páginas de redes sociales pero forman también un movimiento cívico constituido que llegó a intervenir en el Comité de Descolonización de la ONU el 20 de junio de 2016.

Como español he querido expresar mi visión personal pero compartida por miles de simpatizantes.

Como es bien sabido en Puerto Rico existen tres posturas principales con respecto al estatus político de la isla y su relación con los EE.UU. Por un lado están quienes defienden la independencia y desean que los puertorriqueños tengan plena soberanía y puedan administrar sus propios asuntos políticos, jurídicos y culturales, a la vez que conservar sus raíces, idioma, costumbres e identidad cultural.

Esto es lógico y defendible, aunque los independentistas no han logrado explicar del todo el impacto económico que ello tendría y eluden reconocer que en el mundo de los grandes bloques (EE.UU., Unión Europea, Federación Rusa, China…) una isla totalmente independiente en el Caribe tendría muchas dificultades y se vería débil ante potenciales crisis económicas. Por eso, aunque muchos ciudadanos simpatizan con esta idea, rechazan las posibles consecuencias negativas.

En segundo lugar están quienes defienden la estadidad, es decir, la plena integración  de Puerto Rico en la estructura de EE.UU. como un estado más. Esto también es lógico, pues supone pertenecer de pleno derecho a una potencia mundial. Ahora bien, además de que el Congreso de los EE.UU. no parece estar por la labor (en más de 100 años no lo ha hecho), muchos puertorriqueños también rechazan esta opción por la pérdida de identidad que supone como hispanos integrarse en una sociedad esencialmente anglosajona.

Y en tercer lugar están los que defienden el actual estatus denominado con el rimbombante eufemismo de Estado Libre Asociado, y que de facto significa ser una colonia, porque lo ven como una opción estable y moderada; pero es innegable que supone ser ciudadanos de segunda categoría, sin derecho a votar a su propio presidente (caso único en todas las democracias del mundo) además de tener limitadas ciertas capacidades como las del comercio con la conocida Ley de Cabotaje.

En nuestra opinión un estatus de Autonomía recogería las virtudes de las diferentes posturas existentes en Puerto Rico minimizando los aspectos negativos. Como Autonomía, los puertorriqueños tendrían su propio parlamento y gobierno, su propio poder legislativo y ejecutivo, amén de las numerosas competencias que la Constitución española concede a las comunidades autónomas.

Es decir, algo similara lo que demandan los independentistas, pero sin los riesgos económicos que una independencia total puede suponer, ya que formarían parte de la Unión Europea, la mayor comunidad económica, histórica, cultural y humana de la Historia, y tendrían pasaporte europeo, quizá el más importante del mundo. Y creo que esto último entronca con muchas de las razones por las que tantos puertorriqueños aspiran a la estadidad, con la ventaja añadida de que no serían hispanos en un país anglosajón, sino hispanos en un país hispano que los recibiría con los brazos abiertos como hermanos, España, que es el quinto país por población de la UE, el cuarto por economía de la zona euro (y que lleva años creciendo el doble que Alemania o cuatro veces más que Francia o Italia), el segundo país por territorio, y que pertenece al grupo de países con un Índice de Desarrollo Humano Muy Alto. Es, además, uno de los países con mayor representación en el Parlamento Europeo, con lo que el elemento hispano, del que los puertorriqueños pasarían a formar parte, lejos de ser algo de segunda categoría, es algo porcentualmente muy importante y presente en la UE.

Solo me resta decir que formar parte de España y la UE sería también, qué duda cabe, un estatus estable, sólido y moderado, pero como ciudadanos plenos en igualdad de condiciones, con representación al mismo nivel en la Cortes españolas y en el Parlamento europeo y otras instituciones comunitarias.

Ahora bien, paso a enumerar algunos de los argumentos en contra que solemos oír:

“Yo no me siento español”: como autonomía no todos los puertorriqueños tendrían por qué sentirse españoles, con sentirse hispanos ya tendríamos algo en común. En cualquier caso la autonomía, como he comentado, concede amplios poderes propios y en el nivel que el pueblo puertorriqueño considerara oportuno. Baste ver el caso de algunas autonomías españolas; el País Vasco y Navarra, por ejemplo, tienen el llamado régimen foral, por los que dichas comunidades incluso administran su propio sistema fiscal y luego solo dan una aportación al Estado para los asuntos comunes.

En todo caso cualquier otra opción, como la independencia o la estadidad, también irían en contra de los puertorriqueños que se sintieran/no se sintieran estadounidenses. Por último podemos mencionar que hace 100 años ningún boricua se sentía “estadounidense”, si ahora sí los hay es por los beneficios que han visto en ello.

“El pasaporte estadounidense me permite viajar a otro estado”: no deja de ser un poco sorprendente que se vea como una ventaja el poder abandonar tu tierra y emigrar a otro país, lo que no hace sino convertir a ese emigrante en un ciudadano estadounidense de Florida o el estado que fuere de origen puertorriqueño. ¿Pero qué pasa con los puertorriqueños que viven en Puerto Rico? En cualquier caso el pasaporte europeo también concede la posibilidad de desplazarse y comerciar libremente por toda la UE. Estamos hablando de que París, Roma, Madrid o Berlín serían también su país.

“Los españoles mataron indios, robaron nuestro oro, los norteamericanos nos salvaron…”: también es sorprendente rechazar un posible estatus beneficioso para los puertorriqueños como ciudadanos de pleno derecho por razones históricas, pero no obstante todas ellas son también falsas y rebatibles.

En primer lugar cuando se habla de “españoles” se está hablando de los antepasados de los puertorriqueños, todos esos Rodríguez, García y demás. Para tranquilidad de los puertorriqueños debo decir que todas esas afirmaciones sobre matanzas y genocidios son completamente falsas y ningún historiador serio actual lo defiende (por citar solo alguno de lo que lo rebaten, véase el historiador argentino Patricio Lons).

Ya Isabel la Católica en el capítulo XI de su testamento ordenaba que “no consientan ni den lugar a que los indios, vecinos y moradores de las Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, antes al contrario que sean bien y justamente tratados, y si han recibido algún agravio que lo remedien y provean para que no se sobrepase en cosa alguna lo que en las cartas apostólicas de dicha concesión se mandaba y establecía”. Las Leyes de Burgos de 1512 establecían un sistema para proteger a los indios y se adelantaban en varios siglos a algunos derechos sociales como eran el salario justo, las vacaciones de 40 días cada 5 meses de trabajo, la prohibición del trabajo para embarazadas y menores, y un largo etcétera. Estas leyes fueron reforzadas y mejoradas por las Leyes Nuevas de 1542 que ya en su título llevan el nombre de para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios en las que se reafirma que todos los indios son “hombres libres y vasallos del Rey” como lo era cualquier otro español (“vasallo” lógicamente no con el sentido peyorativo que tiene actualmente, sino que todos los hombres eran vasallos del rey, lo que hoy en día podríamos llamar “ciudadanos” y que así lo eran efectivamente desde las constituciones de los 1800). De hecho los taínos sobrevivieron mezclados con los españoles con los que convivieron.

Lo cierto es que cuando todos los países hispanos conformaban un país de 20 millones de km2, una persona podía viajar de la Patagonia a Alaska siendo todo eso su país y todas las personas con las que se encontraba sus compatriotas, con las que hablaba en su mismo idioma y donde podía pagar con una misma moneda, la más poderosa del mundo en su momento.

Por desgracia el discurso independentista hispanoamericano consiguió imponer el concepto de que los españoles eran “otros”, aun cuando todo los documentos reflejaban que los americanos se consideraban a sí mismos españoles. Lo atestigua una emocionante proclama que circulaba por Puerto Rico en 1808 en que los puertorriqueños se referían a sí mismos como “españoles puertorriqueños”, reafirmaban su “lealtad a la nación española” yllamaban a luchar contra el invasor francés (Napoleón Bonaparte) [puede consultarse online en la página del Boletín Oficial del Estado de 15 de noviembre de 1808 (llamado entonces Gazeta de Madrid)]. De hecho Puerto Rico fue la primera Autonomía de España en 1897.

Con respecto a considerar una “salvación” la conquista norteamericana de 1898, cabe decir que es una extraña forma de salvar bombardeando el Morro y a población civil y luego estableciendo un gobierno militar para dar paso a un “Estado Libre Asociado” en el que los ciudadanos no tienen derecho a voto. No será tanta salvación cuando el pueblo puertorriqueño ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias por su defensa de la lengua española.

Concluyo diciendo que habrá quien opine que todo esto no es más que una locura, y debo decir que estoy de acuerdo. Todos los grandes pasos de la Historia se han producido porque alguien ha hecho algo que hasta ese momento se consideraba una locura.

Si ahora están ustedes en La Isla del Encanto es porque una reina llamada Isabel hizo caso de un loco que decía que podía atravesar el Atlántico, a diferencia de lo que hicieron los reyes de Francia o Portugal, que lo rechazaron pensando probablemente “este hombre está loco”. Pero es por eso que la nación española y no otra tiene escrito en su escudo Plus Ultra. Pueden ustedes hacer Historia y llevar a cabo la primera unión de dos países hispanos, y que aun los nietos de sus nietos estudien en los libros de Historia lo que ustedes, los puertorriqueños que ahora están vivos, hicieron. O pueden no hacer nada y seguir siendo un “Estado Libre Asociado”.

Abrazos compatriotas.

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