Gustavo Vélez

Tribuna Invitada

Por Gustavo Vélez
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Puerto Rico en el 2027

Los economistas llevamos mucho tiempo hablando de la década perdida, al hacer referencia a los diez años que lleva la economía local en depresión. Previo al golpe de María, Puerto Rico era la única jurisdicción en contracción luego de la crisis de 2008. El Estado Libre Asociado es el único gobierno en bancarrota y sin acceso a los mercados de capital, en la peor coyuntura posible.

Es desde ese contexto que debemos comenzar a mirar las posibilidades de recuperación de la economía puertorriqueña, y las acciones que tendremos que tomar para no perder otra década.

Irónicamente, la devastación del huracán que nos golpeó con más furia que la crisis económica, abre nuevas vías para que podamos articular un programa de reconstrucción del país. La tragedia nos abre una ventana para comenzar a pensar en la próxima década, como la era de la recuperación de Puerto Rico. La meta que debemos ponernos como sociedad, es tener el mejor país posible a 2027.

La destrucción abre la posibilidad para que realicemos un verdadero ejercicio de planificación de un nuevo Puerto Rico, muy diferente en todos los sentidos al que teníamos antes de María.

A continuación, los fundamentos de la recuperación:

En esa misma tónica positiva, algunos economistas hemos planteado que los miles de millones que se inyectarán a la economía pueden provocar un incremento en el Producto Nacional Bruto para 2018 (PNB), que pudieran servir como un catalizador de un proceso en el mediano y largo plazo.

Desde la época de Rexford Tugwell, no existe en Puerto Rico una mejor oportunidad para realizar un verdadero ejercicio de planificación integral.

El análisis de la posible recuperación a corto plazo reconoce las enormes pérdidas materiales, los costos sociales y otras pérdidas humanas, así como el dolor y el sufrimiento. Hay costos que jamás podrán ser mitigados, no importa cuanto dinero se inyecte a la economía. Sin embargo, no podemos repetir los errores del pasado, y comenzar a poner parchos y caer presos de la improvisación al comenzar a reconstruir a Puerto Rico.

Precisamente, la intensa discusión que hay hoy en el Congreso es cómo se aseguran allá de que los dineros que envíen se utilicen acá de forma responsable y efectiva. Nuestro nefasto pasado reciente valida el escepticismo federal hacia las autoridades locales al momento de decidir cuánto dinero enviarán y quién lo administrará.

Los lineamientos del plan de reconstrucción son los siguientes:

Nueva gobernanza: Si tenemos un gobierno insolvente y una deuda de $70,000 millones es por las malas prácticas de gobierno en las últimas décadas. Para poder gestar un nuevo país, primero urge viabilizar una nueva forma de gobernar fundamentada en la transparencia, los consensos y la buena administración de la cosa pública.

Modernización de la infraestructura: Los $20,000 millones que se inyecten a la economía como parte del proceso de recuperación, deben enfocarse en modernizar la infraestructura de la isla. Debemos aspirar a un sistema energético bien planificado, fundamentado en una combinación de gas natural, y fuentes de energía renovable. Igual aspiración debemos tener con el sistema vial, de agua, y portuario. Igualmente, urge atender el problema de los desperdicios sólidos, antes que nos trague la basura.

Planificación urbana: La lección actual que nos da María es que debemos enterrar la práctica del desparrame urbano y la construcción en zonas inundables. Como parte del proceso de reconstrucción de las 100,000 viviendas que se perdieron, hay que instaurar un verdadero proceso de planificación urbana. Urge comenzar a revitalizar los centros urbanos de los municipios.

Rediseño institucional: El nuevo Puerto Rico luego de María tendrá menos población, por lo tanto, habrá menos recaudos fiscales y no habrá manera de sostener el actual gobierno. Inevitablemente, habrá que introducir reformas que habiliten un marco institucional responsivo a la nueva realidad local e internacional. Debemos dejar atrás el gobierno paternalista y omnipresente en todos los ámbitos de nuestra vida.

Programa de competitividad: El desarrollo económico a largo plazo dependerá de la implementación de estrategias de competitividad que nos permitan convertirnos en una economía orientada a la producción y no al consumo. La innovación empresarial, el desarrollo de una oferta exportadora propia, el mejoramiento en la calidad educativa y la posibilidad de tener un sistema contributivo moderno y eficiente, deben encabezar las prioridades de este programa. A corto plazo, la eliminación de las leyes de cabotaje y la eliminación del impuesto sobre los inventarios, deberían ser prioridad máxima.

Reapertura de los mercados de capital: El gobierno y los acreedores, deben buscar la manera de llegar a un acuerdo que permita volver a los mercados de capital. Puerto Rico necesitará de capital fresco para financiar parte del proceso de reconstrucción.

Redefinición de la relación con Estados Unidos: La obsolescencia del actual modelo político y económico es una causal de mucho peso dentro de la actual crisis estructural que enfrenta Puerto Rico. El gobierno de los Estados Unidos debe hablarle con claridad a los puertorriqueños y dejarnos saber qué está dispuesto a ofrecer como parte de este proceso y comenzar a articular opciones reales que permitan salir de la actual situación de incertidumbre y subordinación política.

Al igual que la generación de la década de 1940, pudo gestar un Puerto Rico moderno e industrial, nos toca ahora a nosotros, soñar, diseñar y construir un nuevo país.

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