Ángel O. Navarro

Tribuna Invitada

Por Ángel O. Navarro
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Puerto Rico entre ciclos y ciclones históricos

En mayo de 1898, el gobierno de los Estados Unidos, durante la Guerra Hispanoamericana, bombardeó desde el Océano Atlántico la ciudad amurallada de San Juan. Posteriormente, el 25 de julio de ese mismo año, el general Nelson Miles, desembarcó las tropas estadounidenses a través de la Bahía de Guánica. Las batallas o escaramuzas en Puerto Rico duraron aproximadamente tres semanas.

Luego, el 10 de diciembre de ese mismo año se firmó el Tratado de París, el cual ponía fin a dicho conflicto bélico. En el Tratado, España estuvo forzado a ceder a Puerto Rico a los Estados Unidos como botín de guerra. El año siguiente, 1899, Puerto Rico sintió la furia desencadenada de los vientos del huracán San Ciriaco. Este huracán devastó la isla de una forma no antes vista, murieron más de 3,000 personas y la economía agraria de Puerto Rico se fue al piso. Hubo muchas haciendas cafetaleras en nuestra isla que nunca pudieron reponerse al embate del huracán.

Puerto Rico hasta ese momento estaba utilizando una moneda que España acuñó en Madrid en 1895 para uso en Puerto Rico. Las monedas eran en denominaciones de 1 peso, 40, 20, 10 y centavos. La ya maltrecha economía puertorriqueña de la posguerra estuvo agudizada por el azote del huracán, y lo que no esperaban los puertorriqueños era que los estadounidenses devaluarían la moneda de Puerto Rico en un 40%. Esto es, lo que antes uno podría obtener con 1 peso, ahora esa moneda valdría 60 centavos. El canje del peso puertorriqueño por el dólar estadounidense fue realizado a esa razón monetaria.

En 1898, uno de los motivos principales de la intervención estadounidense en la guerra fue el interés de obtener beneficios económicos a través del establecimiento de los “Sugar Trusts”. Es por ello que, debido a la miseria ocurrida de la posguerra, el huracán San Ciriaco, la devaluación del peso puertorriqueño y la subsiguiente inflación, muchos puertorriqueños y puertorriqueñas emigraron en búsqueda de mejores oportunidades hacia otros lugares, por ejemplo Hawái.

Los puertorriqueños, en su desolación, buscando mejorar su situación económica y mejores condiciones de vida, comenzaron a vender sus pocas tierras, a precio de “pescao abombao” a las grandes corporaciones de capital ausentista. Es aquí en este primer decenio del siglo 20, que estas grandes corporaciones estadounidenses invierten una gran cantidad de capital para establecer en nuestra isla centrales azucareras y establecer los latifundios azucareros.

El dinero obtenido en Puerto Rico era repatriado hacia los Estados Unidos, de ahí el nombre de corporaciones de capital ausentista; el dinero no era reinvertido en Puerto Rico. En esta coyuntura, nuestros ancestros se convirtieron en peones del tablero de ajedrez: en los Hijos del Cañaveral. Debo aclarar que los peones en el tablero de ajedrez tienen el valor más bajo dentro del juego, pero no dejan de ser importantes, porque estratégicamente tienen un gran valor potencial, dentro del mismo. Esa era la estrategia de los Estados Unidos a principios del siglo XX hacia Puerto Rico, además de la función geopolítica en la defensa del Canal de Panamá.

Sin embargo, vamos casi 100 años después de estos sucesos, y observamos muchos paralelismos. Los puertorriqueños y puertorriqueñas enfrentamos tres nuevos embates. Primero, la cuestión fiscal y económica que atribula a la isla, con $72 mil millones en deuda, en parte dada la mala administración por parte de algunos políticos electos.

Segundo el huracán Irma que azotó nuestras costas; y tercero, obviamente el cuyos efectos sufrimos todavía día a día fue el huracán María. La pregunta que nos debemos hacer en estos momentos es cuál será la nueva estrategia del Congreso de los Estados Unidos y del presidente republicano hacia Puerto Rico. ¿Qué lugar ocupará Puerto Rico en las prioridades del gobierno de los Estados Unidos?

Es mi parecer que los puertorriqueños y puertorriqueñas estamos siendo tratados en la isla como ciudadanos estadounidenses de segunda clase. Realmente es lo que podemos deducir cuando tenemos un presidente neo-nacionalista, que viene a la isla a tirar rollos de papel toalla a la población, lo cual demuestra una crasa falta de empatía hacia los puertorriqueños.

Los huracanes se forman siempre, cíclicamente en cierta temporada del año. Es posible, dado algunos paralelismos de las circunstancias, que un ciclo histórico pueda repetirse. Existe una gran carencia de artículos de primera necesidad y comestibles, alta tasa de desempleo como consecuencia directa del huracán, emigración masiva hacia los Estados Unidos, cierre de negocios por falta de electricidad y la inflación que hemos visto con el alza de los precios de muchos artículos de consumo.

Acaso, llegarán a nuestras costas nuevas compañías estadounidenses con capital ausentista a establecerse nuevamente en Puerto Rico. Eso lo veremos estos próximos años venideros: el tiempo dictará la historia de Puerto Rico. A pesar de todo, vamos, no importa la oscuridad del camino, no perdamos la fe ni la esperanza. Nuevamente veremos la luz al final del túnel en nuestra bendita Isla del Encanto

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