Rosa Mercado

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Por Rosa Mercado
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Puerto Rico lleva mucho bajo tormenta

Irma nos amenaza desde lejos. Al Caribe, quiero decir. Y es curioso que algunos se resistan a referirse a sí mismos como caribeños. Es como renegar de nuestra geografía.

Desde las islas de Cabo Verde y siguiendo la ruta, que siglos antes recorrieron los barcos que trajeron a nuestros ancestros, los esclavos, se desplaza Irma, majestuosa, sabedora de su poder de destrucción.

Acostumbrados como estamos a que la divina providencia nos salve de las tempestades, seguramente, cumpliendo con nuestro ritual, dejemos la preparación para el huracán para el último momento. Cuando empiece a ventear en El Morro, como decía uno de mis tíos.

Y aquí se impone ser justos con nosotros mismos. No se trata solamente de que sea una costumbre nacional dejar las cosas para después.

Se trata también, de que durante años, hemos presenciado cómo los medios se ponen como gallinas sacás con patos, cada vez que se forma un huracán, que finalmente pasará muy lejos de nosotros. Tampoco es que esté la economía para mucha preparación. En la inmensa mayoría de las casas hay atún y salchicha como parte de la dieta recesionaria y hace rato que la leche en polvo sustituyó a la fresca. Claro, hay otras casas a donde la crisis no ha llegado, para beneficio de unos pocos y desesperación de los demás. Yo no me imagino, digamos, a Jorge Santini comiendo atún del más barato ni a Vega Borges batiendo leche Klim ni a Cantero Frau haciendo arroz con salchicha. Para ellos la crisis es una palabra de seis letras y nada más.

Para nosotros es otra cosa. Nos distinguimos entre las masas consumidoras. Hacemos fila para pagar un radio de batería o una linterna. Lo del radio es imprescindible. Cuando Georges fue lo único que se mantuvo funcionando todo el tiempo.

De lo demás hay en la casa. No necesitamos aviso de tormenta. Llevamos tiempo haciendo frente a nuestra tormenta personal y somos expertos.

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