Aníbal Acevedo Vilá

Tribuna Invitada

Por Aníbal Acevedo Vilá
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Puerto Rico no está suplicando la estadidad

Las expresiones de Antonio Weiss, uno de los arquitectos de Promesa y defensor de la necesidad de imponernos la Junta, son importantes tanto por su contenido, como por quién las dice. A mi entender, reflejan una evolución y revisión del pensamiento de Weiss.  

Antonio Weiss: La colonia olvidada de los Estados Unidos

Cuando el 7 de junio de 2016, Rafael Hernández Colón y yo nos reunimos a petición de él en su oficina en el Departamento del Tesoro en Washington, D.C. (José Alfredo Hernández Mayoral estuvo con nosotros), Weiss no expresó ninguna sensibilidad o importancia a los planteamientos de democracia y dignidad que le hicimos para oponernos a la aprobación de Promesa y los poderes de la Junta.  Hoy en su escrito acepta que el establecimiento de la Junta, “fue un duro recordatorio de la condición colonial de la isla”.  

Con esa importante aceptación, Weiss reconoce varias cosas en su escrito.  Primero reconoce la negligencia y responsabilidad de los EE.UU. en la crisis que vive Puerto Rico, señalando “la constante negligencia económica y política de Estados Unidos hacia la isla” y que “el gobierno de Estados Unidos también tiene una gran responsabilidad en la difícil situación de la isla”.  

En segundo lugar, apunta a que el desarrollo económico futuro de Puerto Rico está íntimamente atado a solucionar el problema colonial, algo que muchos en la isla y en EE.UU. se niegan a aceptar.  Para Weiss, resolver el status “es un paso fundamental para que Puerto Rico pueda trazar un rumbo económico sostenible a largo plazo”.

Tercero, al abogar por un nuevo proceso de autodeterminación, se une a las voces que no le dan validez al resultado del plebiscito de 2017, que precisamente hoy cumple dos años.

Cuarto, reconoce que el tema de autodeterminación implica complicados asuntos económicos, culturales y de identidad.  Para él, el status “no es sólo una cuestión económica sino también de identidad, patrimonio y valores”.  Y concluye su escrito reafirmando que “en su esencia, el status es una cuestión de ideología e identidad”.  Ese reconocimiento de la importancia del elemento de identidad para el futuro de Puerto Rico es un gran acierto, que lamentablemente no entiende la mayoría de los estadounidenses que hacen opinión y política pública en EE.UU. 

Quinto, le advierte sus retos y complicaciones a cada una de las alternativas de status.  Con los estadolibristas, comienza recordándonos que EE.UU. nos engañó en 1952, puntualizando el juego de palabras entre “Commonwealth” y “Estado Libre Asociado”, sentenciando que el nombre en español, “implica un grado de autonomía que Washington, a pesar de las reformas en parches, consistentemente ha fallado en otorgarle”.  Sobre alternativas de desarrollo futuro del ELA – para lo cual recomienda el casi imposible camino de una enmienda constitucional – Weiss reconoce que no puede ser bajo la cláusula territorial y que debe requerir de verdadero carácter bilateral.  

Los meros cambios legislados por el Congreso para tratar de mejorar la situación económica, “no pondrían fin por sí solos al status colonial de la isla, ya que un futuro Congreso podría revocarlos o cambiarlos sin el consentimiento de Puerto Rico”.

A los independentistas les advierte las complicaciones económicas que conlleva, aunque reconoce muchas de las ventajas competitivas que vienen con la independencia y la necesidad de que antes de consultar al país, los EE.UU. debe decir claramente los condiciones hacia la independencia, “incluyendo un cronograma realista, un plan para reemplazar o mantener las funciones que actualmente lleva a cabo el gobierno federal, y claridad sobre cómo los beneficios federales que hoy se brindan a los residentes puertorriqueños se financiarían durante la transición, y cómo los mantendría el gobierno puertorriqueño después de la independencia”.  Y reconoce la importancia del tema de la ciudadanía estadounidense bajo una posible independencia.   

Y a los estadistas les recuerda la dura realidad de lo que implica el pago de contribuciones sobre ingresos sobre nuestra economía, el bolsillo de los puertorriqueños y los ingresos del gobierno de Puerto Rico, algo que ha sido señalado en todo estudio económico serio, pero que los estadistas locales se niegan a confrontar.  

Para Weiss, lo más difícil de la estadidad es “la integración de Puerto Rico en el sistema tributario de los Estados Unidos”. Sobre este importante aspecto, levanta el espectro de la fuga de empleos bajo la estadidad, al señalar que bajo ese status, “las empresas que operan allí estarían sujetas al impuesto federal sobre la renta, eliminando sus incentivos para trasladar sus operaciones a la isla”.  El efecto contributivo de la estadidad, y su impacto sobre el presupuesto del gobierno de Puerto Rico, (que hoy está quebrado) está claro para él, al sentenciar que esta “podría poner en riesgo casi $5 mil millones de los ingresos anuales de Puerto Rico, o cerca de un tercio de su total”.

Este escrito de Antonio Weiss hay que verlo en conjunto con otros movimientos importantes que comienzan a darse en la capital federal, como las expresiones recientes de la congresista Nydia Velázquez llamando a atender este asunto con seriedad, con alternativas fuera de la cláusula territorial y en un proceso que comprometa al gobierno de los EE.UU.  

El valor más importante de este escrito, publicado en la influyente revista Foreing Affairs, es que abre las puertas a una discusión de este importante asunto, desde una perspectiva real y no de la fantasía de que los puertorriqueños estamos suplicando que nos otorguen la estadidad.

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