Juan Negrón Ocasio

Desde la diáspora

Por Juan Negrón Ocasio
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Puerto Rico: optimismo, fe y voluntad

Toda circunstancia terrible nos exigirá coraje para combatir las vicisitudes y es de esa fuerza inerte de optimismo, fe y valentía que se levantarán las almas más nobles de este pueblo. Todo ser humano durante su vida pasará por momentos turbulentos. Cuando desafía el miedo lucha y se engrandece. Puerto Rico volverá a levantarse. Pero será una gesta de voluntad de todos unidos. La contribución genuina tiene que ser de todos de la mejor forma que se pueda o como se pueda dentro de las condiciones individuales. No hay espacio para críticas ni señalamientos en estos momentos. Tampoco puede haber demandas de ayuda inmediata. Hay situaciones críticas que requieren prioridad.

Los puertorriqueños son esencialmente seres especiales porque siempre han podido desafiar las adversidades de los tiempos, las amenazas de la naturaleza con sus ciclones, las invasiones y las peripecias de politiquería. Han estado en todo momento dispuestos a cumplir con su compromiso humanitario con otros pueblos aun, en ocasiones, dentro de escasos recursos. La diáspora siempre ha participado en infinitas actividades caritativas cuando lo ha demandado la circunstancia. Y desde la isla se ha colaborado con otros países tocados por inesperadas adversidades. Igualmente, otros países han ayudado a Puerto Rico en el pasado en momentos difíciles.

Actualmente, en Puerto Rico hay urgencia de unidad nacional, de transmitir fortaleza moral, de impartir seguridad, de suministrar sensibilidad emocional hacia los más vulnerables: los enfermos, los niños y personas mayores de edad. El gobierno no podrá resolver todos los problemas de todas las diferentes situaciones que confronta el país. Es necesario responder a los más necesitados y las gestiones tienen que ser por prioridades restableciendo aquellas unidades necesarias, electricidad y agua potable, de subsistencia y estabilidad que dé independencia a las familias para fortalecer sus núcleos. El proceso de recuperación será lento, pero llegará, y en su momento habrá que analizar los efectos de estos azotes.Dentro de las innumerables condiciones de desesperación es eminente que el gobierno alerte a la población en mantener la calma y la prudencia. Tiene que existir una comunicación abierta y transparente entre el gobierno central y los municipios. No debe crearse confusión en responsabilidades del gobierno central y los escasos recursos disponibles de los ayuntamientos. Se desatarán saqueos y los oficiales tendrán que hacer cumplir la ley. Los empleados del “gobierno” tendrán que ejercer funciones no delineadas. Los bomberos tendrán que ser útiles en algunas áreas. De igual forma los bancos, cooperativas y prestamistas (hipotecas) deben congelar cualquier acumulación de interés y penalidad en atrasos de pagos. Los colaboradores cívicos que actúan de buena fe deben estar alerta, asegurándose que las empresas o entidades que estén recolectando dinero o artículos sean fidedignas.

En segmentos de la población se desatará el miedo y el impulso de impotencia, la actitud negativa y la desmoralización, habrá impaciencia y desánimo. Es ahí donde demostraremos a nuestra familia, a nuestros vecinos, a nuestra patria que el coraje de superación y la perseverancia vence cualquier catástrofe. Ayudemos sin mirar colores ni enemistad. Ofrezcamos nuestra mano sin miedo. Abramos la puerta del intercambio de necesidades de artículos. No tengamos miedo preguntarle a alguien por una manita. En estos momentos de desequilibrio emocional, psicológico y social no puede haber espacio para el orgullo. Tenemos que ser proactivos y ofrecer solamente el recurso que está a nuestra disposición. Las tiendas, empresas e industrias de materiales de construcción tendrán que ser compasivos con los precios, al igual las gasolineras. Los pequeños negociantes, quienes conocen bien a sus “honestos clientes locales”, ser austeros y usar el apunte (el fiao de ser necesario). Los cantantes, artistas, atletas y figuras públicas sigan el ejemplo del pelotero Carlos Beltrán quien donó $1 millón. No pidan ayuda en los medios, sean el mejor ejemplo con su ayuda.

La fuerza inquebrantable del pueblo puertorriqueño: el optimismo, la fe, y la valentía es única. ¡Puerto Rico no claudicará a recuperarse!

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