Jorge Schmidt Nieto

Tribuna Invitada

Por Jorge Schmidt Nieto
💬 0

Puerto Rico pierde con la fuga de profesores

Ser profesor universitario es un gran trabajo. A la mayoría de los miles de personas que dictamos clases en las universidades públicas y privadas de Puerto Rico nos apasiona nuestra carrera. Esto era lo que queríamos ser cuando fuéramos grandes.

Casi todos le dedicamos nuestros mejores años de juventud a estudiar y prepararnos académicamente mucho más allá del promedio. Tal vez más allá de lo racional. En esos mismos años varios de nuestros amigos ya trabajaban y generaban ingresos muy superiores a nuestras modestas ayudantías. Aun así nos sabíamos privilegiados porque conocíamos del poder de la educación.

Se dice que uno de los mayores atractivos de Puerto Rico para la inversión de capital foráneo es su mano de obra altamente cualificada y educada, entre las mejores del mundo. El recurso humano es la mayor ventaja comparativa que tiene Puerto Rico para revivir el modelo de industrialización por invitación, que depende de empresas multinacionales. Sin eso no habrían venido las empresas 936.

También se resalta que a nuestros graduandos universitarios los vienen a buscar desde Estados Unidos y otros países para reclutarlos en agencias o empresas prestigiosas. Se celebra cuando ganan becas de estudio o triunfan en competencias internacionales.

Sin embargo, se habla menos de quién los preparó. Si los estudiantes son buenos, es porque sus profesores también lo son. Conocen sus materias, le dedican tiempo a sus clases y se preocupan por sus estudiantes. Gran parte escribe libros y artículos sobre los temas que enseñan. Otros atan la enseñanza con el servicio. Claro que algunos – demasiados - no lo hacen y aunque son una pequeña fracción, se usan como modelo para generalizar la docencia universitaria por aquellos que la atacan. Aunque su foco sea la universidad del estado, el intento de desprestigiar la profesión afecta a toda la clase docente universitaria de Puerto Rico, bien sea del sector público o del privado.

La educación superior de Puerto Rico tiene una extraordinaria mina de educadores preparados en todas las disciplinas y repartidos en alrededor de diez universidades. Muchos países con mayor tamaño y población no lo tienen. Ningún pueblo debe darse el lujo de perder eso. De concretizarse las amenazas que se ciernen sobre la UPR, producto de los recortes masivos, habría efectos negativos sobre toda la profesión.

Si las condiciones de empleo de la universidad pública empeoraran, eventualmente también sucedería con los de las universidades privadas. No son hemisferios aislados. La continua reducción de plazas en la UPR, aumentaría la competencia por las de universidades privadas. Habría aún más profesores buscando trabajo que los empleos disponibles. La economía clásica nos enseña que, cuando la oferta de trabajadores es mayor que su demanda, los sueldos tienden a ser bajos. Sería un mercado laboral favorable para los empleadores y administradores universitarios. Podría también implicar más créditos y preparaciones, mayores responsabilidades administrativas, clases más grandes, menores beneficios marginales, poca seguridad en el empleo, escasos fondos para investigación y limitada libertad de cátedra.

Desde la perspectiva del país en general, el continuo deterioro de las condiciones de empleo aceleraría la fuga de intelectuales hacia universidades estadounidenses, latinoamericanas y europeas. Si nuestros mejores profesores se marcharan, la calidad de la educación caería. Nuestra ventaja comparativa ya no lo sería tanto. Entonces perderíamos todos.

Otras columnas de Jorge Schmidt Nieto

lunes, 5 de noviembre de 2018

Contienda real: Trump Sí o No

El profesor Jorge Schmidt Nieto analiza las probabilidades que tienen demócratas y republicanos en las elecciones de medio término programadas para el 6 de noviembre de 2018

💬Ver 0 comentarios