Benjamín Torres Gotay

LAS COSAS POR SU NOMBRE

Por Benjamín Torres Gotay
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Puerto Rico se levanta (rá)

La única imagen casi tan común como las casas sin techos, postes derribados y pilas de escombros en esta isla todavía atónita por la conmoción del huracán María es el lema “Puerto Rico se levanta”.

Es el mantra con el que nos bañamos para dibujar el futuro, todavía lejano, que imaginamos o queremos imaginar igual al pasado, tan reciente y tan distante al mismo tiempo, en el que éramos un país relativamente cómodo antes de que la mano peluda de María nos barriera la isla como quien barre el tablero de ajedrez de una partida que está perdiendo.

Es bonito querer automotivarse con frases de aliento. No suele ser poca cosa el poder de los gritos de guerra para arengar a tropas y estimular voluntades. No hacen daño los lemas y las consignas.

Pero aquí parece que nos hemos apresurado un poco porque, a casi tres semanas de la barbarie de María, Puerto Rico todavía no se levanta.

Se levantará, en su momento, sin duda alguna. Pero falta  todavía. Ha sido lento el arranque tras el golpe, el aturdimiento todavía nos dura y demasiadas brumas cubren todavía el panorama de ese futuro.

Puerto Rico no se levanta porque recién ayer, a casi tres semanas del huracán, apenas el 9% de la isla tenía luz, más o menos la mitad de unos días antes. Recién ayer, el gobernador Ricardo Rosselló prometió que para Navidad el 95% del país iba a tener luz. El gobernador no dijo cómo se va a lograr tal cosa, más allá de fijar unas metas de porcentaje para determinadas fechas y porque algunos fondos para ayudar en la reconstrucción empiezan a llegar.

Puerto Rico no se levanta porque sin la electricidad nada corre y la economía lleva tres semanas detenida y solo Dios sabe cuánto le falta.

Mucho de lo que se dejó de producir, de ganar, de andar, no se va a poder recuperar jamás. Demasiados negocios siguen cerrados. Demasiados siguen funcionando a medias. Demasiados han despedido empleados o reducido horas o beneficios. Demasiados están quemando su capital con plantas de generación que prácticamente duplican, si no más, el costo normal de tener energía.

Puerto Rico no se levanta porque hay demasiados hospitales funcionando con generadores, que no dan para echar a andar todo lo que necesita andar en un hospital para que gente no muera innecesariamente.

El Centro Médico, el principal hospital de Puerto Rico, en el que están los casos más críticos de toda la isla, el que debería ser la primera de todas las prioridades, pasó días esta semana sin luz, sus sacrificados médicos operando prácticamente a oscuras, como si estuviéramos en una ciudad siria bombardeada por las fuerzas del presidente Bashar al-Assad.

Puerto Rico no se levanta porque nos andan rondando enfermedades de décadas o siglos pasados, porque nos amenazan la leptospirosis que seguirá creciendo mientras las ratas vivan el paraíso de tanto escombro en la calle y la diarrea y la conjuntivitis por la escasez de agua potable.

Puerto Rico no se levanta porque por la falta de luz en este momento muy pocos tienen servicios de salud óptimos garantizados si llegara la desgracia de un ataque cardiaco, derrame cerebral o crisis de asma.

Puerto Rico no se levanta porque escasean artículos básicos como alimentos, agua potable, medicinas, sobre todo en los pueblos lejos de la zona metropolitana, porque todavía hay alcaldes diciendo que sus pueblos están llenos de hambrientos y sedientos.

Puerto Rico todavía no se levanta porque hay gente que se levanta sin saber qué comerá ese día.

Todavía hay decenas de miles sin acceso a alimentos porque no se ha avanzado prácticamente nada en el complicado tema de más de un millón de beneficiarios del PAN que no pueden usar su tarjeta porque muy pocos comercios la aceptan.

Puerto Rico no se levanta todavía porque no sabemos cuánto falta para que abran las escuelas públicas, que no se sabe cómo podrán dar clases sin luz y sin agua, ni los recintos de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Puerto Rico no se levanta porque el esfuerzo de ayuda civil, que ha sido el que ha dado de comer a demasiados durante esta tragedia, se va a agotar en su momento, ya que no tiene la capacidad de sostener el nivel de esfuerzo que está haciendo por demasiado tiempo. Los que nos ayudan y prestan atención desde afuera inevitablemente tendrán que concentrarse en sus propios asuntos tarde o temprano.

A esos sí aplica lo que dijo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre los funcionarios federales: “no podemos estar en Puerto Rico para siempre”.

Puerto Rico no se levanta porque lo único que ha cambiado desde el 20 de septiembre es que ahora hay teléfono más o menos en la mitad de la isla y ya no hay fila para echar gasolina.

En todo lo demás, seguimos prácticamente igual.

Con la magnitud del desastre que nos sacudió, nadie espera que a tres semanas todo esté en orden, pero tampoco podíamos imaginar que el avance iba a ser tan lento.

Puerto Rico no se levanta todavía porque el huracán María nos retrasó 40 ó 50 años y la recuperación va a ser dura, larga y costosa y no sabemos cómo la costearemos.

Puerto Rico no se levanta todavía porque la potencia colonial de la que dependemos está andando a paso de tortuga y tratando esto con vara larga, como si fuera una emergencia normal y no una monumental crisis humanitaria. Puerto Rico no se levanta porque ha habido mucha foto y mucha promesa, pero poca acción.

Puerto Rico se levantará, sí, en el futuro, en un futuro, tengamos asistencia apropiada o no, porque somos un pueblo invencible, porque tenemos un carácter propio y fuerte y vamos a demostrar que podemos seguir avanzando y creciendo a pesar de todos los obstáculos, como hemos hecho siempre.

Somos un pueblo formado en un proceso arduo de más de 500 años. Recibimos de María un golpe devastador. Pero seguimos.

La historia zigzaguea, pero no se detiene, según decía Barack Obama. Puerto Rico se levanta (rá). Eso nadie lo dude.

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