Jorge Schmidt Nieto

Punto de vista

Por Jorge Schmidt Nieto
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Puerto Rico, un balón político de Trump

Donald Trump usa a Puerto Rico para energizar a su base política. Sus infames trinos no van dirigidos a nosotros, sino a sus potenciales votantes, de cara a las elecciones del 2020. El voto puertorriqueño es irrelevante para su campaña. En la isla nadie vota por el presidente y en la diáspora, los boricuas y los demás latinos apoyan mayoritariamente a los demócratas. 

El mensaje tras sus trinos es que el ingrato Puerto Rico representa una carga económica para los sacrificados contribuyentes estadounidenses. Así también se refiere a los inmigrantes mexicanos indocumentados, a quienes acusa de sobregirar el presupuesto federal. Igualmente acusa a China de robarles billones de dólares en prácticas comerciales injustas. Los aparentemente disparatados mensajes acusan en la misma dirección, que hay un pueblo genuinamente americano, contra quien los demócratas han permitido que se cometan innumerables abusos y deslealtades. Trump se presenta como el verdadero patriota que acabará con esas injusticias.

El discurso nacionalista y xenofóbico de Trump cala hondo en diversos sectores de la población estadounidense. Su base de poder radica en las poblaciones caucásicas de bajos ingresos que habitan en el campo y los pueblos pequeños. Sin embargo, también apela a un sector significativo de afroamericanos, que perciben a los latinos como competencia. Compiten por empleos, becas para minorías, y otros beneficios de programas de acción afirmativa. Los afrodescendientes estadounidenses, aunque constituyen una minoría étnica, no son inmigrantes, contrario a lo que sucede en Europa. Por eso el discurso xenofóbico ha generado un eco considerable en esa población. Trump intenta ganarse su respaldo, con el alegato demagógico de que sus políticas han provocado descensos históricos en el desempleo y la criminalidad entre los afroamericanos.

Poco le interesa a su base si los hechos que reporta Trump son reales o fake news. Lo importante es que abona a los prejuicios preconcebidos de que Estados Unidos ha decaído por culpa de los latinos, sean indocumentados o no. 

No es cierto que el Congreso le haya asignado a Puerto Rico más fondos de recuperación que a los estados. Las víctimas de los huracanes Harvey en Texas e Irma en Florida recibieron catorce veces la cantidad de dinero que recibieron las víctimas de María en Puerto Rico. Además, el gobierno federal costeó 80% de los costos de recuperación del huracán Sandy en Nueva Jersey, mientras que en Puerto Rico no alcanzó el 20%. 

Tampoco es correcto que Trump valore los esfuerzos de FEMA. El año pasado, desvió billones de dólares de FEMA para la construcción del infame muro fronterizo con México. Esos fondos eran originalmente destinados a resarcir los daños causados por los fuegos forestales en California. También es falso que Puerto Rico sea el país más corrupto del mundo. De acuerdo con la prestigiosa organizaciónTransparencia Internacional, Puerto Rico ocupa el lugar 31 en mayor corrupción mundial. Estados Unidos es el 22.

El racismo de Trump contra los latinos es personal e irracional. Sin embargo, su manipulación de la xenofobia es una estrategia fríamente calculada para ganar votos.

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