Dra. Nivia A. Fernández Hernández
💬 0

Puerto Rico y el compromiso con su universidad abierta

Como sabemos, la Universidad de Puerto Rico ha estado enfrentando un proceso de paros ininterrumpidos producto de la grave situación económica que afecta a todas las esferas de la vida puertorriqueña. Preocupados ante la severidad de este contexto fiscal, múltiples sectores de la comunidad universitaria, incluyendo los estudiantes, docentes y no docentes, han optado por defender la existencia misma de la Universidad con un cierre de sus operaciones académicas y administrativas, presentando una serie de reclamos como condición para el levantamiento y apertura de la misma.

El requerimiento de la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) para que se presente un plan fiscal para la universidad que contemple una reducción presupuestaria que podria alcanzar hasta $512 millones en un periodo de nueve años, representa un reto sin precedente y convoca a la unidad de la comunidad universitaria al debate de ideas y la busqueda de soluciones cobijados bajo el Plan Estratégico 2017-2022.

De parte de la Administración y la Junta de Gobierno, hemos elaborado un plan para una universidad que continúe ofreciendo servicios académicos de la más alta calidad, y compensa con nuevas fuentes de ingresos buena parte de los recortes impuestos. Hemos propuesto ahorros y reestructuraciones que tocarán a todos los componentes de la estructura de la universidad. Se han hecho grandes ajustes en nuestra capacidad operacional para alcanzar propuestas fiscales que sean justas para nuestros estudiantes, justas para nuestros docentes y justas para todos nuestros empleados, y que también se atemperan a la realidad económica del país y de la universidad.

Los grupos estudiantiles, por su parte, también han presentado sus ideas y propuestas y han llevado proyectos de ley ante la legislatura con medidas concretas para atender sus reclamos universitarios. Nuestro cuerpo estudiantil ha hecho evidente la gravedad de la situación, y ha elevado el nivel de consciencia en todo el país sobre la importancia de la educación universitaria para el futuro de una sociedad. No me cabe duda de que sus reclamos están fundados en un profundo sentido de amor a la universidad y amor al país.

Increíblemente, esta situación ha convertido a los mismos universitarios en contendientes y desafectos, cuando debiéramos ser hoy aliados de una misma causa. Nuestras diferencias estratégicas no pueden ser obstáculo para que encontremos unidos nuevos rumbos a estos nuevos retos. No obstante, el continuo cierre de nuestros recintos elimina el terreno común donde encontrarnos, poniendo en serio riesgo nuestra capacidad futura para recuperarnos, y amenazando en convertir en inviable nuestro amado proyecto universitario.

Con la universidad abierta ganamos todos. Gana prestigio y reconocimiento nuestro estudiantado al convertirse en una fuerza social madura, que sabe medir las circunstancias y cuándo sobreponer el interés de la Universidad a sus propias estrategias de lucha. Ganan los estudiantes que retoman sus estudios y planes de vida sin claudicar a sus reclamos. Ganan los profesores y demás empleados que regresan a sus trabajos y continúan su importantísima labor académica. Gana la administración universitaria, que puede continuar sus esfuerzos para enfrentar los retos fiscales, ahora en un clima de consenso, desarrollo y transformación institucional. Por último, gana Puerto Rico, que recibe de los universitarios el buen ejemplo de que podemos estar a la altura de los tiempos.

Otras columnas de Dra. Nivia A. Fernández Hernández

💬Ver 0 comentarios