Eduardo Villanueva

Tribuna Invitada

Por Eduardo Villanueva
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Puigtorico

Las victorias de Mónica Puig abren una página de esperanza en el pueblo de Puerto Rico. Enseñan una verdad sencilla, que por sencilla olvidamos y no hacemos parte de nuestra cotidianeidad. Quien tiene fe en sí mismo, quien trabaja duro, quien no teme perder si es necesario arriesgar mucho en la búsqueda de la victoria, probablemente ganará la mayoría de las veces. También nos muestra que el deporte forma disciplina y otorga salud físico- emocional, forma valores que se convierten en representativos de una nación como la nuestra. Sabemos que la nacionalidad es más que ser un país soberano. 

Que aunque se carezca de soberanía, la nacionalidad cultural, sociológica, es imperecedera si se defiende con garras, como se defiende el triunfo en una contienda deportiva. Mónica se ha consagrado en el alma de su pueblo. Un compatriota la tituló: Puigtorico. Temblamos cuando gana y temblamos cuando la vemos llorar de emoción en el suelo, con la entrega y el pundonor de las y los, grandes atletas que hemos tenido.

Algunos plantean si en una época como esta, de crisis económica y  donde falta dinero  para salud, educación, vivienda y seguridad pública, se justifica la inversión en nuestros atletas. Es una vieja polémica que padece del mal del funcionalismo. Es decir, lo que no produce ganancias a corto plazo no merece costearse.  Ese enfoque denota la falta de visión que significa no saber que las inversiones, tienen su efecto en el tiempo, que puede ser corto y puede ser largo. 

La ganancia está en el proceso de intentarlo porque de él se aprende en qué fallamos, cuánto nos falta y qué hay que corregir para alcanzar la meta propuesta. Los grandes logros de la humanidad se soñaron antes, se idearon, se inventaron y se persiguieron con la certeza de que estaban al alcance de la mano.

Nos falta auto estima y esta se debe enseñar y aprender en la escuela pública y privada. Nos falta fe en que lo que queramos lograr y lo que merecemos como seres humanos, se puede obtener con trabajo duro, sin que nos lo regalen y aceptando solo la ayuda imprescindible, luego de demostrar que hemos puesto de nuestra parte, al máximo de nuestras capacidades. 

Nada malo hay en que nos ayuden pública y privadamente pero la búsqueda de ayuda debe ser un recurso de última instancia, no la primera opción para conseguir remedios fáciles o escudarnos si falta la ayuda, para no hacer nada en actitud fatalista. Mónica, con su juego demuestra una gran ética de trabajo, un sentido de responsabilidad con su patria y lo que significa representar una nación como la nuestra. La gesta de Mónica es más que PROMESA, es pundonor entrega y valor, instrumentos del triunfo de los que luchan.

Podemos decir sin exagerar, que Mónica es símbolo de la puertorriqueñidad y que en ella nos vemos reflejados para conseguir superar la noche oscura en la que la luz del amanecer libre, no se ve pero se presiente. Debemos luchar con la convicción de que la entrega y el valor de no temer el dolor que pueda implicar su búsqueda, nos pondrá a las puertas de que tengamos el destino de la patria en manos propias y no a merced del tirano. Varias luchas debemos dar para tener el país que queremos, tenemos que estar al lado de los maestros que forman nuestros niños para que sepan que la tarea de educar no se deja aislada en las paredes de la escuela. 

Tenemos que hacer saber  a los jueces que la justicia solo es para todos, cuando no se mire la ropa o la educación del que ellos juzgan, civil o criminalmente. Tenemos que reconstruir la patria con la paciencia y el valor constante del que golpea una raqueta, sin miedo a lo que traiga la bola devuelta. Todo eso enseña Mónica con su constancia representándonos en la olimpiada.

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